6.3.11

Peter el Lorito Pirata

Una mañana Barnabé y Peter navegaban por los mares encantados. Era un hermoso día y el sol brillaba en el cielo como una gran moneda de oro.



"¡Quisiera que todos los días fueran de verano!" - dijo Barnabé sonriendo.

"¡Y yo quisiera tener muchas monedas de oro del tamaño del sol!" - añadió Peter - "Así sería el pirata más rico de todos los mares".

Peter y Barnabé continuaron navegando durante horas hasta que escucharon un sonido extraño que venia del agua.

"Blup....Blup....Blup...."

"¿Que esta sucediendo?" - preguntó Barnabé temeroso

"¡Oh no!" - grito Peter alarmado - "¡El barco se esta hundiendo!

Barnabé y Peter tomaron sus salvavidas y saltaron al agua. Nadaron y nadaron en el mar hasta que por fortuna llegaron a una pequeña isla en medio del mar.

Nooooo!... ¡Mi barco pirata se ha hundido!...." - sollozó Peter - "Ahora somos unos náufragos en esta isla".

"¡Pero estamos a salvo!" - dijo Barnabé intentando calmar a su amigo - "estoy seguro de que hallaremos alguna manera de salir de aquí y regresar a casa.

Entonces los dos amigos recorrieron la isla en búsqueda de ayuda pero no hallaron a nadie. La isla estaba deshabitada, solo habían palmeras, arena y un inmenso mar.


Cansados y sedientos los dos amigos decidieron recostarse bajo la sombra de unas palmeras. Pero algo llamo la atención de Barnabé, era un extraño objeto que brillaba en la arena.

"¡Es una lámpara!" - dijo Barnabé tomándola con sus patitas - "¡Es de oro... y al parecer es muy antigua!"

"¡Una lámpara de oro!" - dijo peter revoloteando de la felicidad - "¡Debe valer una fortuna!"

Peter le arrebato la lámpara a Barnabé y con sus alas le quito la arena que la recubría. Pero la lámpara no era una simple lámpara. Estaba encantada como todo en el mar encantado.

De un momento a otro la lámpara comenzó a sacudirse de arriba a abajo hasta quedar envuelta en una nube y de repente un genio salio de su interior saltando como una bola de ping pong.

Oooooh!... ¡Al fin soy libre!" - exclamó dichoso el genio - "¡Estuve encerrado en esa incómoda lámpara durante muchisisisisimos años!"

"¿Acaso eres un genio real?" - preguntó sorprendido Peter.

"Ja ja ja ja" - rió a carcajadas el genio - "¡Siiii!.... ¡soy muy real, soy nada más y nada menos que el grandiosisisisimo genio Trupulín, el mejor de todos los tiempos!".

"Hummm.... entonces puedes conceder deseos! - dijo Barnabé.

"¿Has dicho conceder deseos?" - pregunto Peter emocionado.

En ese momento el genio comenzó a saltar como una pelota de un lado a otro, al parecer estaba un poco loco, y se les acerco diciendo:

"Soy famosisisisimo por conceder los mejores deseos" - afirmó el genio Trupulín - "Además mi trabajo es garantizado y de alta calidad".

"Peter y yo te hemos liberado" - dijo Barnabé un poco dudoso - "¿Podrías concedernos un deseo?"

"¡Por supuesto!" -añadió el genio Trupulin - "¡A cada uno le concederé un deseo!... pero deben ser cuidadosos con lo que pidan pues no hay marcha atrás".


"¡Yo quiero ser el primero!" - grito Peter agitando las alas.

Peter, no te apresures demasiado!" - insistió preocupado Barnabé.

Pero Peter no lo escucho, solo le interesaba obtener lo
que siempre había soñado, lo que el creía que lo haría feliz.

"¡Quiero ser el pirata más rico del mundo!" - aseguró sin dudar ni un instante - "¡Deseo tener tantas monedas de oro, joyas y piedras preciosas que no quepan en esta isla".

"¡Muy bien!" - dijo Trupulín agitando su cabeza - "¡Tu deseo es una orden para mi!".

Entonces el genio le dio a Peter todo lo que pidio pero eran tantas las riquezas que no cabían en la isla y eran tan pesadas que la isla comenzó a hundirse.

"¡Oh no Peter!" - se lamento Barnabé - Mira lo que has hecho por ambicioso y testarudo.

Noooooo!....¡Mis riquezas se hunden en el mar!.... ¡Nooooo!" - se lamento Peter desconsolado - "¡tienes que hacer algo Trupulín!".

"¡Lo siento muchisisisisimo! ¡pero ya nada puedo hacer por ti!" - se lamento el genio - "¡Mi trabajo ha terminado pues ya he concedido tu deseo!".


"!Peter! ¡Peter! ¡peter!" - replicó muy enfadado Barnabé - "la isla se hunde con nosotros y a ti solo te preocupan tus riquezas".

"Tienes razón Barnabé... He sido muy testarudo" - dijo arrepentido Peter - "Y por culpa de mi ambición estamos en graves problemas".


Pero Barnabé era muy astuto e inteligente y ya tenía un plan
para salir de ese gran problema.

"¡Tu trabajo no ha terminado Trupulín!" - exclamó Barnabé con picardía - "¡Aún falta mi deseo!".

"¡Vaya!... ¡casi lo olvido!" - replicó Trupulín pensativo - "¡Muy bien!.... y.... ¿Cual es tu deseo?".

"¡Deseo que todos estemos a salvo en un grandio
so barco pirata!" - contestó Barnabé sin dudarlo.

Trupulín concedió el deseo a Barnabé y al instante los tres estaban sanos y salvos sobre un gran barco pirata mucho más grande y hermoso que el viejo barco de peter.

Guau!" - exclamó Peter lleno de felicidad y emoción - "¡este es el mejor barco pirata que he visto en mi vida!".

"Y esta equipado con la más modernisisisisima tecnología" - aseguró el genio Trupulín con orgullo - "definitivamente soy el mejor".

"Si, realmente eres un gran genio" - afirmó Barnabé.

"¡Y tu eres el mejor amigo de todos!" - exclamó Peter aliviado - "gracias a tu dese
o estamos a salvo y ahora tenemos el mejor barco pirata de todos los mares encantados".


Aquel día Barnabé y Peter navegaron en su grandioso barco en compañía de su nuevo amigo, el genio Trupulín, regresaron a casa en Villa encanto y aprendieron que no es bueno dejarse llevar por la ambición y el deseo de grandes riquezas, pues podemos hacerle daño a nuestros seres queridos en el camino.


Colorín Colorado
este cuento ha terminado

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