31.3.11

Bambi


Érase una vez un bosque donde vivían muchos animales y donde todos eran muy amiguitos. Una mañana un pequeño conejo llamado Tambor fue a despertar al búho para ir a ver un pequeño cervatillo que acababa de nacer.
Se reunieron todos los animalitos del bosque y fueron a conocer a Bambi, que así se llamaba el nuevo cervatillo. Todos se hicieron muy amigos de él y le fueron enseñando todo lo que había en el bosque: las flores, los ríos y los nombres de los distintos animales, pues para Bambi todo era desconocido.
Todos los días se juntaban en un claro del bosque para jugar. Una mañana, la mamá de Bambi lo llevó a ver a su padre que era el jefe de la manada de todos los ciervos y el encargado de vigilar y de cuidar de ellos. Cuando estaban los dos dando un paseo, oyeron ladridos de un perro.
"¡Corre, corre Bambi! -dijo el padre- ponte a salvo". "¿Por qué, papi?", preguntó Bambi.
Son los hombres y cada vez que vienen al bosque intentan cazarnos, cortan árboles, por eso cuando los oigas debes de huir y buscar refugio.
Pasaron los días y su padre le fue enseñando todo lo que debía de saber pues el día que él fuera muy mayor, Bambi sería el encargado de cuidar a la manada.
Más tarde, Bambi conoció a una pequeña cervatilla que era muy muy guapa llamada Farina y de la que se enamoró enseguida.
Un día que estaban jugando las dos oyeron los ladridos de un perro y Bambi pensó: "¡Son los hombres!", e intentó huir, pero cuando se dio cuenta el perro estaba tan cerca que no le quedó más remedio que enfrentarse a él para defender a Farina.
Cuando ésta estuvo a salvo, trató de correr pero se encontró con un precipicio que tuvo que saltar, y al saltar, los cazadores le dispararon y Bambi quedó herido.
Pronto acudió su papá y todos sus amigos y le ayudaron a pasar el río, pues sólo una vez que lo cruzaran estarían a salvo de los hombres, cuando lo lograron le curaron las heridas y se puso bien muy pronto.
Pasado el tiempo, nuestro protagonista había crecido mucho. Ya era un adulto. Fue a ver a sus amigos y les costó trabajo reconocerlo pues había cambiado bastante y tenía unos cuernos preciosos. El búho ya estaba viejecito y Tambor se había casado con una conejita y tenían tres conejitos.
Bambi se casó con Farina y tuvieron un pequeño cervatillo al que fueron a conocer todos los animalitos del bosque, igual que pasó cuando él nació.
Vivieron todos muy felices y Bambi era ahora el encargado de cuidar de todos ellos, igual que antes lo hizo su papá, que ya era muy mayor para hacerlo.
FIN

La casita de Chocolate

Allá a lo lejos, en una choza próxima al bosque vivía un leñador con su esposa y sus dos hijos: Hansel y Gretel. El hombre era muy pobre. Tanto, que aún en las épocas en que ganaba más dinero apenas si alcanzaba para comer. Pero un buen día no les quedó ni una moneda para comprar comida ni un poquito de harina para hacer pan. "Nuestros hijos morirán de hambre", se lamentó el pobre esa noche. "Solo hay un remedio -dijo la mamá llorando-. Tenemos que dejarlos en el bosque, cerca del palacio del rey. Alguna persona de la corte los recogerá y cuidará". Hansel y Gretel, que no se habían podido dormir de hambre, oyeron la conversación. Gretel se echó a llorar, pero Hansel la consoló así: "No temas. Tengo un plan para encontrar el camino de regreso. Prefiero pasar hambre aquí a vivir con lujos entre desconocidos".Al día siguiente la mamá los despertó temprano. "Tenemos que ir al bosque a buscar frutas y huevos -les dijo-; de lo contrario, no tendremos que comer". Hansel, que había encontrado un trozo de pan duro en un rincón, se quedó un poco atrás para ir sembrando trocitos por el camino.Cuando llegaron a un claro próximo al palacio, la mamá les pidió a los niños que descansaran mientras ella y su esposo buscaban algo para comer. Los muchachitos no tardaron en quedarse dormidos, pues habían madrugado y caminado mucho, y aprovechando eso, sus padres los dejaron.Los pobres niños estaban tan cansados y débiles que durmieron sin parar hasta el día siguiente, mientras los ángeles de la guarda velaban su sueño. Al despertar, lo primero que hizo Hansel fue buscar los trozos de pan para recorrer el camino de regreso; pero no pudo encontrar ni uno: los pájaros se los habían comido. Tanto buscar y buscar se fueron alejando del claro, y por fin comprendieron que estaban perdidos del todo.Anduvieron y anduvieron hasta que llegaron a otro claro. A que no saben que vieron allí? Pues una casita toda hecha de galletitas y caramelos. Los pobres chicos, que estaban muertos de hambre, corrieron a arrancar trozos de cerca y de persianas, pero en ese momento apareció una anciana. Con una sonrisa muy amable los invitó a pasar y les ofreció una espléndida comida. Hansel y Gretel comieron hasta hartarse. Luego la viejecita les preparó la cama y los arropó cariñosamente.Pero esa anciana que parecía tan buena era una bruja que quería hacerlos trabajar. Gretel tenía que cocinar y hacer toda la limpieza. Para Hansel la bruja tenía otros planes: quería que tirara de su carro!. Pero el niño estaba demasiado flaco y debilucho para semejante tarea, así que decidió encerrarlo en una jaula hasta que engordara. Se imaginan que Gretel no podía escapar y dejar a su hermanito encerrado!. Entretanto, el niño recibía tanta comida que, aunque había pasado siempre mucha hambre, no podía terminar todo lo que le llevaba.Como la bruja no veía más allá de su nariz, cuando se acercaba a la jaula de Hansel le pedía que sacara un dedo para saber si estaba engordando. Hansel ya se había dado cuenta de que la mujer estaba casi ciega, así que todos los días le extendía un huesito de pollo. "Todavía estás muy flaco -decía entonces la vieja-. Esperaré unos días más!".Por fin, cansada de aguardar a que Hansel engordara, decidió atarlo al carro de cualquier manera. Los niños comprendieron que había llegado el momento de escapar.Como era día de amasar pan, la bruja había ordenado a Gretel que calentara bien el horno. Pero la niña había oído en su casa que las brujas se convierten en polvo cuando aspiran humo de tilo, de modo que preparó un gran fuego con esa madera. "Yo nunca he calentado un horno -dijo entonces a la bruja-. Por que no mira el fuego y me dice si esta bien?". "Sal de ahí, pedazo de tonta! -chilló la mujer-. Yo misma lo vigilaré!". Y abrió la puerta de hierro para mirar. En ese instante salió una bocanada de humo y la bruja se deshizo. Solo quedaron un puñado de polvo y un manojo de llaves. Gretel recogió las llaves y corrió a liberar a su hermanito.Antes de huir de la casa, los dos niños buscaron comida para el viaje. Pero, cual sería su sorpresa cuando encontraron montones de cofres con oro y piedras preciosas!. Recogieron todo lo que pudieron y huyeron rápidamente.Tras mucho andar llegaron a un enorme lago y se sentaron tristes junto al agua, mirando la otra orilla. Estaba tan lejos!. “Quieren que los cruce?”, preguntó de pronto una voz entre los juncos. Era un enorme cisne blanco, que en un santiamén los dejó en la otra orilla. Y adivinen quien estaba cortando leña justamente en ese lugar?. El papá de los chicos!. Sí, el papá que lloró de alegría al verlos sanos y salvos. Después de los abrazos y los besos, Hansel y Gretel le mostraron las riquezas que traían, y tras agradecer al cisne su oportuna ayuda, corrieron todos a reunirse con la mamá.
FIN

30.3.11

Ricitos de oro y los tres Osos

En una preciosa casita, en el medio de un bosque florido, vivían 3 ositos. El papá, la mamá, y el pequeño osito. Un día, tras hacer todas las camas, limpiar la casa, y hacer la sopa para la cena, los tres ositos fueron a pasear por el bosque. Mientras los ositos estaban caminando por el bosque, apareció una niña llamada Ricitos de Oro que, al ver tan linda casita, se acercó y se asomó a la ventana. Todo parecía muy ordenado y coqueto dentro de la casa.
Entonces, olvidándose de la buena educación que su madre le había dado, la niña decidió entrar en la casa de los tres ositos. Al ver la casita tan bien recogida y limpia, Ricitos de Oro curiseó todo lo pudo. Pero al cabo de un rato sintió hambre gracias al olor muy sabroso que venía de la sopa puesta en la mesa. Se acercó a la mesa y vio que había 3 tazones. Un pequeño, otro más grande, y otro más y más grande todavía. Y otra vez, sin hacer caso a la educación que le había dado sus padres, la niña se lanzó a probar la sopa. Comenzó por el tazón más grande, pero al probarlo, la sopa estaba demasiado caliente. Entonces pasó al mediano y le pareció que la sopa estaba demasiado fría. Pasó a probar el tazón más pequeño y la sopa estaba como a ella le gustaba. Y la tomó toda, todita. Cuando acabó la sopa, Ricitos de Oro se subió a la silla más grande pero estaba demasiado dura para ella. Pasó a la silla mediana y le pareció demasiado blanda. Y se decidió por sentarse en la silla más pequeña que le resultó comodísima. Pero la sillita no estaba acostumbrada a llevar tanto peso y poco a poco el asiento fue cediendo y se rompió. Ricitos de Oro decidió entonces subir a la habitación y a probar las camas. Probó la cama grande pero era muy alta. La cama mediana estaba muy baja y por fin probó la cama pequeña que era tan mullidita y cómoda que se quedó totalmente dormida.
Mientras Ricitos de Oro dormía profundamente, llegaron los 3 ositos a la casa y nada más entrar el oso grande vio cómo su cuchara estaba dentro del tazón y dijo con su gran voz:-¡Alguien ha probado mi sopa! Y mamá oso también vio su cuchara dentro del tazón y dijo:-¡Alguien ha probado también mi sopa! Y el osito pequeño dijo con voz apesadumbrada:-¡Alguien se ha tomado mi sopa y se la ha comido toda entera! Después pasaron al salón y dijo papá oso:-¡Alguien se ha sentado en mi silla! Y mamá oso dijo:-¡Alguien se ha sentado también en mi silla! Y el pequeño osito dijo con su voz aflautada:-¡Alguien se ha sentado en mi sillita y además me la ha roto!Al ver que allí no había nadie, subieron a la habitación para ver si el ladrón de su comida se encontraba todavía en el interior de la casa. Al entrar en la habitación, papá oso dijo:-¡Alguien se ha acostado en mi cama! Y mamá oso exclamó:-¡Alguien se ha acostado en mi cama también! Y el osito pequeño dijo:-¡Alguien se ha acostado en mí camita...y todavía sigue durmiendo!
Ricitos de Oro, mientras dormía creía que la voz fuerte que había escuchado y que era papá oso, había sido un trueno, y que la voz de mamá oso había sido una voz que la hablaba en sueños pero la voz aflautada del osito la despertó. De un salto se sentó en la cama mientras los osos la observaban, y saltó hacia el otro lado saliendo por la ventana corriendo sin parar.
FIN

Zipi y Zape - Y yo con estos padres...

29.3.11

El mejor padre


El mejor legado de un padre a sus hijos 
es un poco de su tiempo cada día. 
                                               Battista.

Un hombre, todavía no muy mayor, relataba a un amigo:
—Quise darle a mis hijos lo que yo nunca tuve. 
Entonces comencé a trabajar catorce horas diarias. 
No había para mí sábados ni domingos; 
consideraba que tomar vacaciones era locura o sacrilegio. 
Trabajaba día y noche. 
Mi único fin era el dinero, 
y no me paraba en nada para conseguirlo, 
porque quería darles a mis hijos lo que yo nunca tuve.

—Y… ¿lo lograste? —
intervino el amigo.
—Claro que sí —contestó el hombre—: 
yo nunca tuve un padre agobiado, 
hosco, siempre de mal humor, preocupado, 
lleno de angustias y ansiedades, 
sin tiempo para jugar conmigo y entenderme. 
Ese es el padre que yo les di a mis hijos. 
Ahora ellos tienen lo que yo nunca tuve.

                                Tomado del libro: “El Arca de la Sabiduría”.
                                           Laureano J. Benítez Grande-Caballero


Una buena propina


Si piensas mas en ti que en los demás… te aíslas; 
si piensas más en los demás que en ti mismo… te enajenas; 
si piensas tanto en ti como en los demás… te integras. 
                                                                  Stefano Tanasescu.

Un niño de 10 años entró a la cafetería de un hotel y se sentó en una mesa. Una camarera le puso un vaso de agua delante.
- ¿Cuánto es un refresco con helado?, preguntó el niño.
- Tres euros con setenta y cinco, respondió la camarera.
El niño sacó su monedero del bolsillo y contó el dinero.
- Bueno, ¿y cuánto es una copa de helado sólo?, preguntó. 
Había muchas personas esperando por una mesa y la camarera estaba perdiendo su paciencia.
- Dos euros, le respondió bruscamente.
El niño volvió a contar su dinero.
- Por favor, deme sólo una copa de helado, dijo finalmente.
La camarera le trajo el helado, le puso la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó el helado, le pagó a la cajera y dejó su propina. Cuando la camarera regresó a la mesa, empezó a llorar mientras limpiaba la mesa: allí, al lado de la copa vacía de helado, había dejado dos monedas de diez céntimos.  El niño renunció al refresco para tener suficiente para la propina.

Tomado del libro: “El Arca de la Sabiduría”.
Laureano J. Benítez Grande-Caballero.

Acto de soberbia / Parábola


Un día el viejo león se despertó y conforme se desperezaba se dijo que no recordaba haberse sentido tan bien en su vida.

El león se sentía tan lleno de vida, tan saludable y fuerte que pensó que no habría en el mundo nada que lo pudiese vencer. Con este sentimento de grandeza, se encaminó hacia la selva, allí se encontró con una víbora a la que paró para preguntarle.


"Dime, víbora, quien es el rey de la selva? le preguntó el leon.


'Tu, por supuesto' le respondió la víbora, alejándose del leon a toda marcha.


El siguiente animal que se encontró fue un cocodrilo, que estaba adormecido cerca de una charca.


El león se acercó y le preguntó'Cocodrilo, dime ¿quien es el rey de la selva?'


'¿por qué me lo preguntas? le dijo el cocodrilo, si sabes que eres tu el rey de la selva'


Así continuó toda la mañana, a cuanto animal le preguntaba todos le respondían que el rey de la selva era el.


Pero, hete ahí que de pronto, le salió al paso un elefante.


Dime elefante, le preguntó el león ensoberbecido ¿sabes quién es el rey de la selva?'


Por toda respuesta, el elefante enroscó al león con su trompa levantándolo cual si fuera una pelota, lo tiraba al aire y lo volvía a recoger...hasta que lo arrojó al suelo poniendo sobre el magullado y dolorido león su inmensa pata.


'Muy bien, basta ya, lo entiendo' atinó a farfullar el dolorido león. 'pero no hay necesidad de que te enfurezcas tanto, porque no sepas la respuesta.

El pajarito perezoso


Había una vez un pajarito simpático, pero muy, muy perezoso. Todos los días, a la hora de levantarse, había que estar llamándole mil veces hasta que por fin se levantaba; y cuando había que hacer alguna tarea, lo retrasaba todo hasta que ya casi no quedaba tiempo para hacerlo.
Todos le advertían constantemente:
- ¡eres un perezoso! No se puede estar siempre dejando todo para última hora...
- Bah, pero si no pasa nada.-respondía el pajarito- Sólo tardo un poquito más que los demás en hacer las cosas.

Los pajarillos pasaron todo el verano volando y jugando, y cuando comenzó el otoño y empezó a sentirse el frío, todos comenzaron los preparativos para el gran viaje a un país más cálido. Pero nuestro pajarito, siempre perezoso, lo iba dejando todo para más adelante, seguro de que le daría tiempo a preparar el viaje. Hasta que un día, cuando se levantó, ya no quedaba nadie.

Como todos los días, varios amigos habían tratado de despertarle, pero él había respondido medio dormido que ya se levantaría más tarde, y había seguido descansando durante mucho tiempo. Ese día tocaba comenzar el gran viaje, y las normas eran claras y conocidas por todos: todo debía estar preparado, porque eran miles de pájaros y no se podía esperar a nadie. Entonces el pajarillo, que no sabría hacer sólo aquel larguísimo viaje, comprendió que por ser tan perezoso le tocaría pasar solo aquel largo y frío invierno.

Al principio estuvo llorando muchísimo rato, pero luego pensó que igual que había hecho las cosas muy mal, también podría hacerlas muy bien, y sin dejar tiempo a la pereza, se puso a preparar todo a conciencia para poder aguantar solito el frío del invierno.
Primero buscó durante días el lugar más protegido del frío, y allí, entre unas rocas, construyó su nuevo nido, que reforzó con ramas, piedras y hojas; luego trabajó sin descanso para llenarlo de frutas y bayas, de forma que no le faltase comida para aguantar todo el invierno, y finalmente hasta creó una pequeña piscina dentro del nido para poder almacenar agua. Y cuando vio que el nido estaba perfectamente preparado, él mismo se entrenó para aguantar sin apenas comer ni beber agua, para poder permanecer en su nido sin salir durante todo el tiempo que durasen las nieves más severas.
Y aunque parezca increíble, todos aquellos preparativos permitieron al pajarito sobrevivir al invierno.
Eso sí, tuvo que sufrir muchísimo y no dejó ni un día de arrepentirse por haber sido tan perezoso.
Así que, cuando al llegar la primavera sus antiguos amigos regresaron de su gran viaje, todos se alegraron sorprendidísimos de encontrar al pajarito vivo, y les parecía mentira que aquel pajarito holgazán y perezoso hubiera podido preparar aquel magnífico nido y resistir él solito. Y cuando comprobaron que ya no quedaba ni un poquitín de pereza en su pequeño cuerpo, y que se había convertido en el más previsor y trabajador de la colonia, todos estuvieron de acuerdo en encargarle la organización del gran viaje para el siguiente año.

Y todo estuvo tan bien hecho y tan bien preparado, que hasta tuvieron tiempo para inventar un despertador especial, y ya nunca más ningún pajarito, por muy perezoso que fuera, tuvo que volver a pasar solo el invierno.
Lección / Moraleja:
 
"La pereza es mala consejera. No puedes dejar las cosas para 'despues' 'luego'..."

7.3.11

El león y el ratón



Una vez, un león atrapó a un ratoncito. Lo tenía entre sus garras y abría la boca para comérselo cuando el ratoncito suplicó:
- Por favor, león, rey de los animales, señor de la selva, ¡no me comas! Apenas soy un bocadito. Si me dejas ir, algún día podré ayudarte.
El león lo miró asombrado y se echó a reír:
- ¿Ayudarme, una cosita tan débil y pequeña como tú? Me das tanta risa que, por esta vez, no te comeré.
Y lo dejó en libertad.
Pasó el tiempo. Un día, el león, rey de los animales y señor de la selva, cayó en una trampa que le habían tendido los hombres. Lo tapó una red muy gruesa y allí quedó atrapado, rugiendo de rabia.
El ratoncito escuchó sus rugidos y corrió hasta él. Entonces, con sus buenos dientes de ratón, empezó a roer la soga.
Mordisqueó, masticó y tironeó. Mordisqueó, masticó y tironeó hasta que la soga se rompió. ¡Y el león pudo salir por el boquete y librarse de la trampa!
Ese día, el señor de la selva, el rey de los animales, aprendió que todos, hasta los más débiles y pequeñitos, pueden ayudarnos.

Fábulas Estopo

Chistes



¿Como se dice en japonés ?piloto de avión??  
Popoko Memato  

¿Cómo se dice en chino ?espejo??  
Aitoilló.  

¿Como se dice en alemán ?el perro se come una rosquilla??  
Troski Maska Roska  

¿Cómo se dice en árabe ?escopeta??  
Allaba Labala.  

¿Cómo se dice en japonés ?ladron??  
Yokito Tumoto

- Mamá mamá, en la escuela me dicen boca grande..... 
- Ay! hijo, no hagas caso. Ahora trae la pala que tengo que darte el jarabe.

- Mamá mamá, en el colegio me llaman extraterrestre 
- Anda, no hagas caso hijo y vete a lavarte las cinco manos.

-¡Mama, mama! ¿Las aceitunas negras caminan?
- Pues no, hijo. 
- ¡Pues entonces me he comido una cucaracha!
 
Van dos granos de arena por el desierto y le dice uno a otro: ¡Creo que nos están siguiendo!
 
¿Sabes cómo dejar a un tonto intrigado?...¡¿No?! ¡¡Mañana te lo cuento!!

¿Que puede ser peor que encontrarse un gusano en una manzana? 
-Encontrarse medio

    La disculpa de José


     
    Una historia verdadera:

    Una familia como hay muchas: un papá, una mamá y 4 hijos, el mayor de 7 años, el segundo de 5. el tercero de 4 y la última de 3.
    Eran niños respetuosos y educados, pero de vez en cuando hacían alguna travesura.
    Un día la mamá que siempre estaba con ellos tuvo que salir porque tenía que hacer una diligencia urgente y se vio obligada a dejar a los 4 niños con la empleada.
    Los niños dijeron que se iban a portar bien sobre todo el mayor le dijo a su mama que no se preocupara que él iba a entretener a sus hermanos.
    La mama se fue tranquila . Pero al regresar se encontró con un problema. La empleada estaba afuera en la calle, así que le preguntó que hacía allí y le dijo : “ al niño José se le ocurrió cocinar y ha desordenado totalmente la cocina, se ha portado muy mal, me gritó cuando le dije que no ensuciaran la cocina, cosa que no me hizo caso, me dijo que el mandaba allí y que me fuera de la casa, yo salí y cerró la puerta, no se que estarán haciendo.
    Por supuesto eso no le gustó nada a la mamá, entró a la cocina en busca de José y vio que todo estaba en desorden. Habían querido hacer un bizcocho y los huevos y la harina estaban en el suelo, en fin todo una calamidad.
    Lo buscó por todas partes pero no estaba en ningún lado, hasta que escuchó su voz que muy suavemente decía:
    Aquí estoy mama”,…La mamá entró a su habitación y vio que José se había metido a la cama, tapado hasta las narices; el sabía que ese era su castigo cuando se portaba mal: ir a la cama. La mamá lo resondró y no se libró de un fuerte palmazo en las piernas.

    Pasaron las horas y terminó el castigo, José se acercó a su mamá y le dijo muy suavemente:” mama te quiero agradecer” ¿Por qué? Le contestó su madre pensando que se había dado cuenta de su falta y quería disculparse, así que le dijo:” porque me quieres agradecer?”..Y sorprendida escuchó: “. Porque me has pegado justo en el grano que me estaba picando”.. Y colorin colorado esta historia ha terminado.
     
    Escrito por Marialuz

    La canción del Cero

    La marcha de las vocales

    Piel de oso




    Un joven soldado que atravesaba un bosque fue a encontrarse con un mago. Este le dijo:
    —Si eres valiente, dispara contra el oso que está a tu espalda.

    El joven disparó el arma y la piel del oso cayó al suelo. Este desapareció entre los árboles.

    —Si llevas esa piel durante tres años seguidos –le dijo el mago–, te daré una bolsa de monedas de oro que nunca quedará vacía. ¿Qué decides?

    El joven se mostró de acuerdo. Disfrazado de oso y con dinero abundante, empezó a recorrer el mundo. De todas partes le echaban a pedradas. Sólo Ilse, la hermosa hija de un posadero, se apiadó de él y le dio de comer.

    —Eres bella y buena, ¿quieres ser mi prometida? —dijo él.

    —Sí, porque me necesitas, ya que no puedes valerte por ti mismo —repuso Ilse.

    El soldado, enamorado de la joven, deseaba que el tiempo pasase pronto para librarse de su disfraz. Transcurridos los tres años, fue en busca del mago.

    —Veo que has cumplido tu promesa —dijo este—. Yo también cumpliré la mía. Quédate con la bolsa de oro, que nunca se vaciará y sé feliz.

    En todo aquel tiempo, Ilse lloraba con desconsuelo.

    —Mi novio se ha ido y no sé dónde está.

    —Eres tonta —le decía la gente—; siendo tan hermosa, encontrarás otro novio mejor.

    —Sólo me casaré con “Piel de Oso”—respondía ella.

    Entonces apareció un apuesto soldado y pidió al posadero la mano de su hija. Como la muchacha se negara a aceptarle, él dijo sonriente:
    —¿No te dice el corazón que “Piel de Oso” soy yo?

    Se casaron y no sólo ellos fueron felices sino que, con su generosidad, hicieron también dichosos a los pobres de la ciudad.

    Colorín Colorado
    este cuento ha terminado

    Si además de llevar abrigos de piel, no te lavas, ten cuidado porque te pueden confundir con el animal cuya piel llevas puesta. Es lo que le ocurrió al protagonista de la historia que presentamos ahora: Piel de Oso, de los Hermanos Grimm.

    El hada fea


    Había una vez una aprendiz de hada madrina, mágica y maravillosa, la más lista y amable de las hadas. Pero era también una hada muy fea, y por mucho que se esforzaba en mostrar sus muchas cualidades, parecía que todos estaban empeñados en que lo más importante de una hada tenía que ser su belleza. En la escuela de hadas no le hacían caso, y cada vez que volaba a una misión para ayudar a un niño o cualquier otra persona en apuros, antes de poder abrir la boca, ya la estaban chillando y gritando:
    - ¡fea! ¡bicho!, ¡lárgate de aquí!.
    Aunque pequeña, su magia era muy poderosa, y más de una vez había pensado hacer un encantamiento para volverse bella; pero luego pensaba en lo que le contaba su mamá de pequeña:
    - tu eres como eres, con cada uno de tus granos y tus arrugas; y seguro que es así por alguna razón especial...
    Pero un día, las brujas del país vecino arrasaron el país, haciendo prisioneras a todas las hadas y magos. Nuestra hada, poco antes de ser atacada, hechizó sus propios vestidos, y ayudada por su fea cara, se hizo pasar por bruja. Así, pudo seguirlas hasta su guarida, y una vez allí, con su magia preparó una gran fiesta para todas, adornando la cueva con murciélagos, sapos y arañas, y música de lobos aullando.
    Durante la fiesta, corrió a liberar a todas las hadas y magos, que con un gran hechizo consiguieron encerrar a todas las brujas en la montaña durante los siguientes 100 años.
    Y durante esos 100 años, y muchos más, todos recordaron la valentía y la inteligencia del hada fea. Nunca más se volvió a considerar en aquel país la fealdad una desgracia, y cada vez que nacía alguien feo, todos se llenaban de alegría sabiendo que tendría grandes cosas por hacer.

    Autor.. Pedro Pablo Sacristan

    A las personas no se les debe juzgar por su aspecto físico sino por sus actos y su belleza interior. Aprende esta lección con la historia

    El vikingo de los cien cuernos


    Olav Brutolsen era el más terrible de los vikingos. Con sus propios brazos era capaz de luchar contra un toro y vencerle en unos pocos segundos. Y para que todos le conocieran y distinguieran, llevaba adornados su casco y su capa con los trofeos de sus victorias: más de cien cuernos sobre la cabeza y mil piedras preciosas colgando de sus hombros, una por cada uno de los enemigos derrotados.
    En su ciudad todos se apartaban a su paso, pero cierto día, un joven que leía despistado se cruzó en su camino y le hizo tropezar. Furioso, Olav le increpó y le desafió a un combate a muerte. El delgaducho joven no tenía elección, así que sólo puso una condición.
    - Puesto que no veo muy bien y no te conozco, necesito que lleves el casco y la capa durante la lucha, para poder distinguirte.
    Olav lanzó una risotada y aceptó orgulloso aquella estúpida condición, justo antes de lanzarse sobre el joven para destrozarlo. El chico, ágil, se escabulló por poco. Lo mismo ocurrió con las siguientes embestidas de Olav, y según iba pasando el tiempo, cada vez esquivaba al gigantón más fácilmente. Aunque nadie podía creer que aguantase tanto, todos esperaban que con el primer golpe el joven caería muerto.
    Ese golpe no llegó nunca. Olav estuvo luchando poco más de cinco minutos, y a los diez cayó como muerto.
    Muchos pensaron entonces que aquel joven era un brujo o un hechicero, pero Virtensen, que así se llamaba el despistado estudiante de medicina, mostró a todos que el orgullo y la ostentación del vikingo fuero más que suficientes para que cayera desmayado bajo el peso del casco y la capa. Olav, como buen guerrero, aceptó su derrota al despertar, y desde entonces cambió los símbolos inútiles y superfluos por la austeridad, pasando en todas partes como uno de tantos. En todas, menos en el campo de batalla, donde no se le reconocía por cuernos, espadas o capas, sino por una fiereza sin igual.

    Autor.. Pedro Pablo Sacristan
     
    Colorín, Colorado
    este cuento ha terminado

    El árbol mágico


     
    Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.

    El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.

    El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágicas


    Autor: Pedro Pablo Sacristán

    15 - Las Águilas **Disney**

    14 - Los Cocodrilos **Disney**

    13 - Los Canguros **Disney**

    12 - Los Ciervos **Disney**

    11 - Los Monos **Disney**

    09 - Los Leopardos **Disney**

    10 - Los Delfines **Disney**

    08 - Las Focas **Disney**

    07 - Los Lobos **Disney**

    06 - Los Pingüinos **Disney**

    05 - Los Tigres **Disney**

    04 - Los Chimpances **Disney**

    03 - Los Elefantes **Disney**

    02 - Los Osos **Disney**

    "Bueno... Malo... Quién sabe"


    Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una pequeña aldea en las montañas. Su único medio de subsistencia era el caballo que poseían, el cual alquilaban a los campesinos para roturar las tierras.


    Todos los días, el hijo llevaba al caballo a las montañas para pastar. Un día, volvió sin el caballo y le dijo a su padre que lo había perdido. Esto significaba la ruina para los dos. Al enterarse de la noticia, los vecinos acudieron a su padre, y le dijeron: «Vecino, ¡qué mala suerte!» El hombre respondió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!».


    Al cabo de unos días, el caballo regresó de la montaña, trayendo consigo muchos caballos salvajes que se le habían unido. Era una verdadera fortuna. Los vecinos, maravilla­dos, felicitaron al hombre: «Vecino, ¡qué buena suerte!». Sin inmutarse, les respon­dió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!»


    Un día que el hijo intentaba domar a los caballos, uno le arrojó al suelo, partiéndose una pierna al caer. «¡Qué mala suerte, vecino!», le dijeron a su padre. «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», volvió a ser su respuesta.


    Una mañana aparecieron unos soldados en la aldea, reclutan­do a los hombres jóvenes para una guerra que había en el país. Se llevaron a todos los muchachos, excepto a su hijo, incapacita­do por su pierna rota. Vinieron otra vez los aldeanos, diciendo: «Vecino, ¡qué buena suerte!». «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», contestó.


    Dicen que esta historia continúa, siempre de la misma manera, y que nunca tendrá un final.

    La Ratita presumida


    Érase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita estaba barriendo su casita, cuando de repente en el suelo encontró algo que brillaba era... una moneda de oro.

    La ratita la recogió del suelo y se puso a pensar qué se compraría con la moneda.

    “Ya sé, me compraré caramelos... uy no, me dolerán los dientes. Pues me comprare pasteles... uy no, me dolerá la barriguita. Ya sé, me compraré un lacito de color rojo para mi rabito.”

    La ratita se guardó su moneda en el bolsillo y se fue al mercado. Una vez en el mercado le pidió al tendero un trozo de su mejor cinta roja. La compró y volvió a su casita.

    Al día siguiente cuando la ratita presumida se levantó se puso su lacito en la colita y salió al balcón de su casa. En eso que aparece un gallo y le dice:

    “Ratita, ratita que bonita estás, ¿te quieres casar conmigo?”.

    Y la ratita le respondió: “No sé, no sé, ¿haber como cantas?”

    Y el gallo le dice: “quiquiriquí”. “Ay no, no, contigo no me casaré, me asusto.me asusto

    Se fue el gallo y apareció un perro. “Ratita, ratita que bonita estás, ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo: “No sé, no sé, ¿ haber como cantas?“Guau, guau”., dijo el perro. “Ay no, contigo no me casaré me asusto, me asusto”.

    Se fue el perro y apareció un cerdo. “Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo: “No sé, no sé, ¿y tú que ruido haces?”. “Oink, oink”. “Ay no, contigo no me casaré que ese ruido me asusta me asusta”.

    El cerdo desaparece por donde vino y llega un gato blanco, y le dice a la ratita: “Ratita, ratita tú que eres tan bonita ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo: “No sé, no sé, ¿y tú qué ruido haces por las noches?”. Y el gatito con voz suave y dulce le dice: “Miau, miau”. “ Ay no, me asusto, me asusto
    Se fue el gato y viene un pato: Ratita, ratita que bonita estáas, te quieres casar conmigo? Y la ratita le dijo: "No se, no sé, haber como hablas? y el pato dijo "Cuac, Cuac, - No, no dijo la ratita me asusto, me asusto.

    Entonces apareció un ratoncito y al ver a la ratoncita le dijo: ratita, ratita que bonita estas con tu lazo, te quieres casar conmigo, La ratoncita muy impresionada le dijo muy suavemente: a ver, como cantas? y el ratoncito dijo: iiiiiiiii, Ay si, dijo la coqueta ratoncita me gusta, me gusta, me casaré contigo.
    Y la boda se realizó, y los ratoncitos vivieron felices y comieron perdices y colorin colorado este cuento se ha acabado.

    Colorón, Colorado
    este cuento ha terminado

    Topo Gigio - Mañanitas con Mariachi

    Las mañanitas cantadas por Topo Gigio con mariachi
    El mejor momento para conocer a  este gran personaje

    El ladrón de pelos


    Valeria era una niña muy preocupada por su papá. Desde hacía algún tiempo, había visto que se estaba quedando calvo, y que cada vez tenía menos pelo. Un día, se atrevió a preguntárselo:
    - Papá, ¿por qué cada día tienes menos pelo?
    Su papá le dijo sonriente:
    - Es por el ladrón de pelos. Hay por esta zona un ladronzuelo chiquitito que visita mi cabeza por las noches cuando estoy dormido, y me quita todos los pelos que le da gana. ¡Y no hay forma de atraparlo!
    Valeria se quedó preocupada, pero decidida a ayudar a su papá, aquella misma noche aguantó despierta tanto como pudo. Cuando oyó los primeros ronquidos de su padre, agarró una gran maza y se fue a la habitación de sus padres. Entró muy despacito, sin hacer ruido, para que el ladrón de pelos no pudiera sentirla, y cuando llegó junto a su papá, se quedó observando detenidamente su cabeza, decidida a atrapar al ladrón de pelos en cuanto apareciera. Al poco, vio una una sombra sobre la cabeza, y con todas las fuerzas que tenía, lanzó el porrazo más fuerte que pudo.
    ¡Menudo golpe! Su papá pegó un enorme grito y se levantó de un salto, con un enorme chichón en la cabeza y un buen susto en el cuerpo. Al encerder la luz, se encontró con Valeria de frente, con la mano en alto sujetando la maza, y diciendo:
    - ¡casi lo tenía! papá. ¡Creo que le he dado, pero el ladrón de pelos se ha escapado!
    Al oir eso, y ver al papá con la cabeza bien dolorida, la mamá comenzó a reirse:
    - Eso te pasa por contarle tonterías a la niña - dijo divertida.
    Y el padre de Valeria tuvo que explicarle que no existía ningún ladrón de pelos, y contarle la verdad de por qué se quedaba calvo. Y así, con la ayuda de un gran chichón en su cabeza, comprendió lo importante que era no engañar a los niños y contarles siempre la verdad. Y Valeria, que seguía preocupada por su papá, dejó de buscar ladrones de pelos, y le compró un bonito gorro de dormir.

    Autor.. Pedro Pablo Sacristan

    Colorón, Colorado
    este cuento ha terminado

    La invitación para el Gran Baile


    Un príncipe terriblemente desordenado nunca hace caso a sus padres cuando le piden orden. La princesa del reino vecino, de la que está enamorado en secreto, organiza un gran baile e invita a todos los príncipes de los alredores. El príncipe está emocionado y lo prepara todo con esmero, pero el día del baile no encuentra la invitación entre el desorden de su cuarto. La busca desesperado y no la encuentra, y al final decide ordenar todo su cuarto, encontrando la invitación justo encima de la mesa. Para cuando llega al baile ya se marchaban todos y se vuelve muy triste y habiendo aprendido la lección. Pero tuvo suerte, y como no encontró novio, la princesa repitió el baile poco después, y como esta vez tuvo todo ordenado, no perdió la invitación y pudo conocer a la princesa, que también se enamoró de él.

    Autor.. Pedro Pablo Sacristan

    Colorón, Colorado
    este cuento ha terminado

    El gato con botas


    Había una vez un molinero cuya única herencia para sus tres hijos eran su molino, su asno y su gato. Pronto se hizo la repartición sin necesitar de un clérigo ni de un abogado, pues ya habían consumido todo el pobre patrimonio. Al mayor le tocó el molino, al segundo el asno, y al menor el gato que quedaba.
    El pobre joven amigo estaba bien inconforme por haber recibido tan poquito.
    -”Mis hermanos”- dijo él,-”pueden hacer una bonita vida juntando sus bienes, pero por mi parte, después de haberme comido al gato, y hacer unas sandalias con su piel, entonces no me quedará más que morir de hambre.”-
    El gato, que oyó todo eso, pero no lo tomaba así, le dijo en un tono firme y serio:
    -”No te preocupes tanto, mi buen amo. Si me das un bolso, y me tienes un par de botas para mí, con las que yo pueda atravesar lodos y zarzales, entonces verás que no eres tan pobre conmigo como te lo imaginas.”-
    El amo del gato no le dió mucha posibilidad a lo que le decía. Sin embargo, a menudo lo había visto haciendo ingeniosos trucos para atrapar ratas y ratones, tal como colgarse por los talones, o escondiéndose dentro de los alimentos y fingiendo estar muerto. Así que tomó algo de esperanza de que él le podría ayudar a paliar su miserable situación.
    Después de recibir lo solicitado, el gato se puso sus botas galantemente, y amarró el bolso alrededor de su cuello. Se dirigió a un lugar donde abundaban los conejos, puso en el bolso un poco de cereal y de verduras, y tomó los cordones de cierre con sus patas delanteras, y se tiró en el suelo como si estuviera muerto. Entonces esperó que algunos conejitos, de esos que aún no saben de los engaños del mundo, llegaran a mirar dentro del bolso.
    Apenas recién se había echado cuando obtuvo lo que quería. Un atolondrado e ingenuo conejo saltó a la bolsa, y el astuto gato, jaló inmediatamente los cordones cerrando la bolsa y capturando al conejo.
    Orgulloso de su presa, fue al palacio del rey, y pidió hablar con su majestad. Él fue llevado arriba, a los apartamentos del rey, y haciendo una pequeña reverencia, le dijo:
    -”Majestad, le traigo a usted un conejo enviado por mi noble señor, el Marqués de Carabás. (Porque ese era el título con el que el gato se complacía en darle a su amo).”-
    -”Dile a tu amo”- dijo el rey, -”que se lo agradezco mucho, y que estoy muy complacido con su regalo.”-
    En otra ocasión fue a un campo de granos. De nuevo cargó de granos su bolso y lo mantuvo abierto hasta que un grupo de perdices ingresaron, jaló las cuerdas y las capturó. Se presentó con ellas al rey, como había hecho antes con el conejo y se las ofreció. El rey, de igual manera recibió las perdices con gran placer y le dió una propina. El gato continuó, de tiempo en tiempo, durante unos tres meses, llevándole presas a su majestad en nombre de su amo.
    Un día, en que él supo con certeza que el rey recorrería la rivera del río con su hija, la más encantadora princesa del mundo, le dijo a su amo:
    -”Si sigues mi consejo, tu fortuna está lista. Todo lo que debes hacer es ir al río a bañarte en el lugar que te enseñaré, y déjame el resto a mí.”-
    El Marqués de Carabás hizo lo que el gato le aconsejó, aunque sin saber por qué. Mientras él se estaba bañando pasó el rey por ahí, y el gato empezó a gritar:
    -”¡Auxilio!¡Auxilio!¡Mi señor, el Marqués de Carabás se está ahogando!”-
    Con todo ese ruido el rey asomó su oído fuera de la ventana del coche, y viendo que era el mismo gato que a menudo le traía tan buenas presas, ordenó a sus guardias correr inmediatamente a darle asistencia a su señor el Marqués de Carabás. Mientras los guardias sacaban al Marqués fuera del río, el gato se acercó al coche y le dijo al rey que, mientras su amo se bañaba, algunos rufianes llegaron y le robaron sus vestidos, a pesar de que gritó varias veces tan alto como pudo:
    -”¡Ladrones!¡Ladrones!”-
    En realidad, el astuto gato había escondido los vestidos bajo una gran piedra.
    El rey inmediatamente ordenó a los oficiales de su ropero correr y traer uno de sus mejores vestidos para el Marqués de Carabás. El rey entonces lo recibió muy cortésmente. Y ya que los vestidos del rey le daban una apariencia muy atractiva (además de que era apuesto y bien proporcionado), la hija del rey tomó una secreta inclinación sentimental hacia él. El Marqués de Carabás sólo tuvo que dar dos o tres respetuosas y algo tiernas miradas a ella para que ésta se sintiera fuertemente enamorada de él. El rey le pidió que entrara al coche y los acompañara en su recorrido.
    El gato, sumamente complacido del éxito que iba alcanzando su proyecto, corrió adelantándose. Reunió a algunos lugareños que estaban preparando un terreno y les dijo:
    -”Mis buenos amigos, si ustedes no le dicen al rey que los terrenos que ustedes están trabajando pertenecen al Marqués de Carabás, los harán en picadillo de carne.”-
    Cuando pasó el rey, éste no tardó en preguntar a los trabajadores de quién eran esos terrenos que estaban limpiando.
    -”Son de mi señor, el Marqués de Carabás.”- contestaron todos a la vez, pues las amenazas del gato los habían amedrentado.
    -”Puede ver señor”- dijo el Marqués, -”estos son terrenos que nunca fallan en dar una excelente cosecha cada año.”-
    El hábil gato, siempre corriendo adelante del coche, reunió a algunos segadores y les dijo:
    -”Mis buenos amigos, si ustedes no le dicen al rey que todos estos granos pertenecen al Marqués de Carabás, los harán en picadillo de carne.”-
    El rey, que pasó momentos después, les preguntó a quien pertenecían los granos que estaban segando.
    -”Pertenecen a mi señor, el Marqués de Carabás.”- replicaron los segadores, lo que complació al rey y al marqués. El rey lo felicitó por tan buena cosecha. El fiel gato siguió corriendo adelante y decía lo mismo a todos los que encontraba y reunía. El rey estaba asombrado de las extensas propiedades del señor Marqués de Carabás.
    Por fin el astuto gato llegó a un majestuoso castillo, cuyo dueño y señor era un ogro, el más rico que se hubiera conocido entonces. Todas las tierras por las que había pasado el rey anteriormente, pertenecían en realidad a este castillo. El gato que con anterioridad se había preparado en saber quien era ese ogro y lo que podía hacer, pidió hablar con él, diciendo que era imposible pasar tan cerca de su castillo y no tener el honor de darle sus respetos.
    El ogro lo recibió tan cortésmente como podría hacerlo un ogro, y lo invitó a sentarse.
    -”Yo he oído”- dijo el gato, -”que eres capaz de cambiarte a la forma de cualquier criatura en la que pienses. Que tú puedes, por ejemplo, convertirte en león, elefante, u otro similar.”-
    -”Es cierto”- contestó el ogro muy contento, -”Y para que te convenzas, me haré un león.”-
    El gato se aterrorizó tanto por ver al león tan cerca de él, que saltó hasta el techo, lo que lo puso en más dificultad pues las botas no le ayudaban para caminar sobre el tejado. Sin embargo, el ogro volvió a su forma natural, y el gato bajó, diciéndole que ciertamente estuvo muy asustado.
    -”También he oído”- dijo el gato, -”que también te puedes transformar en los animales más pequeñitos, como una rata o un ratón. Pero eso me cuesta creerlo. Debo admitirte que yo pienso que realmente eso es imposible.”-
    -”¿Imposible?”- Gritó el ogro, -”¡Ya lo verás!”-
    Inmediatamente se transformó en un pequeño ratón y comenzó a correr por el piso. En cuanto el gato vio aquello, lo atrapó y se lo tragó.
    Mientras tanto llegó el rey, y al pasar vio el hermoso castillo y decidió entrar en él. El gato, que oyó el ruido del coche acercándose y pasando el puente, corrió y le dijo al rey:
    -”Su majestad es bienvenido a este castillo de mi señor el Marqués de Carabás.”-
    -”¿Qué?¡Mi señor Marqués!” exclamó el rey, -”¿Y este castillo también te pertenece? No he conocido nada más fino que esta corte y todos los edificios y propiedades que lo rodean. Entremos, si no te importa.”-
    El marqués brindó su mano a la princesa para ayudarle a bajar, y siguieron al rey, quien iba adelante. Ingresaron a una espaciosa sala, donde estaba lista una magnífica fiesta, que el ogro había preparado para sus amistades, que llegaban exactamente ese mismo día, pero no se atrevían a entrar al saber que el rey estaba allí.
    Su majestad estaba perfectamente encantado con las buenísimas cualidades de mi señor el Marqués de Carabás, y observando que su hija se había enamorado violentamente de él, y después de haber visto sus grandes posesiones, y además de haber bebido ya cinco o seis vasos de vino, le dijo:
    -”Será solamente tu culpa, mi señor Marqués de Carabás, si no llegas a ser mi yerno.”-
    El marqués, haciendo varias pequeñas reverencia, aceptó el honor que Su Majestad le estaba confiriendo, y enseguida, ese mismo día se casó con la princesa.
    El gato llegó a ser un gran señor, y ya no tuvo que correr tras los ratones, excepto para entretenerse.

    Autor: Charles Perrault
    Edades: Hasta 12 años


    Fin

    6.3.11

    Amigas desde la huerta


    Lula y Lila eran dos plantas de espinacas que nacieron en un mismo huerto y habían sido amigas desde entonces. Habían pasado juntas por los terribles fríos del invierno y los largos días de sol, y siempre se habían apoyado mutuamente, en espera de llegar a aquel momento mágico con que toda espinaca soñaba: el momento de servir de comida a un niño y transmiterle toda su fuerza.
    Así que cuando llegó la hora de la cosecha, fueron juntas y felices a la fábrica de preparado, y de allí a la de envasado, y de allí al supermercado, donde fueron expuestas en uno de los mejores estantes. Ambas veían emocionadas pasar las señoras con sus cestas, fijándose en aquellas a las que acompañaba algún niño. Pasó todo un día entero sin que nadie se acercara, pero justo antes del cierre, una señora se acercó demasiado al estante, y sin darse cuenta golpeó la bolsa de Lula, que cayó al suelo, justo antes de que uno de los pies de la señora la empujara bajo la estantería.
    Nadie se dio cuenta de aquello, y Lula pasó toda la noche llorando, sabiendo que se quedaría bajo el estante hasta ponerse mohosa. Lila, muy apenada, se lamentaba de la suerte de su amiga, sin poder hacer nada. Al día siguiente, cuando a media mañana se acercó una señora acompañada por un niño adorable, dispuesta a comprar la bolsa de Lila, ésta no podía alegrarse pensando en la desgracia de Lula. Y en un momento de locura y amistad, hizo un último esfuerzo por ayudar a su amiga de la infancia: justo cuando el niño iba a agarrar la bolsa, Lila sé dejó caer del estante y fue a parar al suelo junto a Lula. El niño, sorprendido y divertido, se agachó y sin darse cuenta cogió ambas bolsas.
    Lila acabó con un par de tallos rotos, pero no le importó hacer aquello por salvar a su amiga. Y cuando horas después compartía el plato del niño con Lula, se sintió la espinaca más feliz del mundo por poder cumplir su sueño junto a su mejor amiga.

    Autor.. Pedro Pablo Sacristan

    Colorón, Colorado
    este cuento ha terminado

    La gran carrera de coches salvajes


    En un lejano país existía una raza de pequeños coches salvajes que circulaban libremente por el campo. No necesitaban carreteras ni gasolina, pues para moverse les bastaban los buenos pensamientos y deseos, una original idea de su excéntrico inventor.
    Aquellos coches se hicieron famosísimos, y las carreras de coches salvajes eran el pasatiempo favorito de todos. No había niño que no soñara con pilotar uno, pues su poco peso y su sinceridad les convertía en pilotos ideales. Y como encontrar niños ligeros y de buen corazón que supieran mantener buenos sentimientos durante toda una carrera era difícil, frecuentemente se celebraban pruebas para descubrir nuevos talentos, en las que cada chico tenía una única oportunidad de demostrar su habilidad con los coches salvajes.
    Así, la caravana de pruebas llegó a la pequeña ciudad en que vivía Nico, un niño bueno y alegre que, como muchos otros, no durmió esa noche mientras hacía cola esperando su turno para pilotar uno de aquellos coches. Durante la espera, muchos niños ensayaban y practicaban sus buenos deseos y pensamientos pero en cuanto se abrieron las puertas, una gran carrera de codazos y empujones descubrió que no todos eran tan buenos como parecían. Sin embargo, los organizadores ya lo debían tener previsto, y tras unas pocas pruebas tan sencillas como dar las gracias por una chocolatina, ayudar a preparar el material de las carreras o atender respetuosamente a una viejecita un poco pesada, sólo quedó un grupito de niños verdaderamente bondadosos, entre los que se encontraba Nico.
    Así, los niños fueron subiendo a los coches por turnos para dar unas vueltas al circuito. A Nico le tocó el último turno, pero no le importó mucho, pues disfrutó de lo lindo viendo de cerca cómo aceleraban los coches salvajes. Cuando le llegó el momento, el corazón le latía a mil por hora. Con la emoción, apenas podía correr, y fue el último en subir a su coche. Tan contento estaba, que tardó un poco en darse cuenta de que aún quedaba un último niño por subir; uno que caminaba usando muletas y no había podido llegar antes. Y a su lado, escuchó cómo el jefe de las pruebas decía:
    - Lo siento muchísimo, chico, ya no quedan coches y ésta es la última prueba de hoy. Los coches tienen que descansar ya. Venga, ya tendrás tu oportunidad otro día...
    Al recordar el brillo emocionado que despedían un rato antes los ojos de aquel niño, y ver ahora su profunda tristeza, Nico respiró hondo, bajó del automóvil y dijo:
    - No pasa nada. Yo le dejo mi coche.
    El motor del coche salvaje rugió como nunca, mientras el niño accidentado subía lleno de alegría. Nico se quedó satisfecho por lo que había hecho, aunque un pelín desilusionado. Pero antes de arrancar, el otro niño descubrió en Nico ese puntito de tristeza y, agradecido, le tendió la mano diciendo.
    - Sube. Iremos los dos juntos, aunque vayamos un poco más despacio.
    Nico subió de un salto. Los niños se abrazaron alegres, pero apenas pudieron hacer nada más. ¡Su coche tronó como un cohete, y salió a la velocidad del rayo!
    Aquella carrera rompió todos los récords conocidos y, durante esa misma temporada, Nico y su amigo arrasaron en cuantas competiciones participaron, convirtiéndose en ídolos de grandes y pequeños, y paseando felices su amistad y sus buenos sentimientos por todos los rincones del mundo.

    Autor.. Pedro Pablo Sacristan

    Colorón, Colorado
    este cuento ha terminado

    Adalina, el hada sin alas



    Adalina no era un hada normal. Nadie sabía por qué, pero no tenía alas. Y eso que era la princesa, hija de la Gran Reina de las Hadas. Como era tan pequeña como una flor, todo eran problemas y dificultades. No sólo no podía volar, sino que apenas tenía poderes mágicos, pues la magia de las hadas se esconde en sus delicadas alas de cristal. Así que desde muy pequeña dependió de la ayuda de los demás para muchísimas cosas. Adalina creció dando las gracias, sonriendo y haciendo amigos, de forma que todos los animalillos del bosque estaban encantados de ayudarla.

    Pero cuando cumplió la edad en que debía convertirse en reina, muchas hadas dudaron que pudiera ser una buena reina con tal discapacidad. Tanto protestaron y discutieron, que Adalina tuvo que aceptar someterse a una prueba en la que tendría que demostrar a todos las maravillas que podía hacer.

    La pequeña hada se entristeció muchísimo. ¿Qué podría hacer, si apenas era mágica y ni siquiera podía llegar muy lejos con sus cortas piernitas? Pero mientras Adalina trataba de imaginar algo que pudiera sorprender al resto de las hadas, sentada sobre una piedra junto al río, la noticia se extendió entre sus amigos los animales del bosque. Y al poco, cientos de animalillos estaban junto a ella, dispuestos a ayudarla en lo que necesitara.

    - Muchas gracias, amiguitos. Me siento mucho mejor con todos vosotros a mi lado- dijo con la más dulce de sus sonrisas- pero no sé si podréis ayudarme.
    - ¡Claro que sí! - respondió la ardilla- Dinos, ¿qué harías para sorprender a esas hadas tontorronas?
    - Ufff.... si pudiera, me encantaría atrapar el primer rayo de sol, antes de que tocara la tierra, y guardarlo en una gota de rocío, para que cuando hiciera falta, sirviera de linterna a todos los habitantes del bosque. O... también me encantaría pintar en el cielo un arco iris durante la noche, bajo la pálida luz de la luna, para que los seres nocturnos pudieran contemplar su belleza... Pero como no tengo magia ni alas donde guardarla...
    - ¡Pues la tendrás guardada en otro sitio! ¡Mira! -gritó ilusionada una vieja tortuga que volaba por los aires dejando un rastro de color verde a su paso.

    Era verdad. Al hablar Adalina de sus deseos más profundos, una ola de magia había invadido a sus amiguitos, que salieron volando por los aires para crear el mágico arco iris, y para atrapar no uno, sino cientos de rayos de sol en finas gotas de agua que llenaron el cielo de diminutas y brillantes lamparitas. Durante todo el día y la noche pudieron verse en el cielo ardillas, ratones, ranas, pájaros y pececillos, llenándolo todo de luz y color, en un espectáculo jamás visto que hizo las delicias de todos los habitantes del bosque.

    Adalina fue aclamada como Reina de las Hadas, a pesar de que ni siquiera ella sabía aún de dónde había surgido una magia tan poderosa. Y no fue hasta algún tiempo después que la joven reina comprendió que ella misma era la primera de las Grandes Hadas, aquellas cuya magia no estaba guardada en sí mismas, sino entre todos sus verdaderos amigos.

    Autor.. Pedro Pablo Sacristan

    Colorón, Colorado
    este cuento ha terminado

    Gummibär - CHO KA KA O

    Hakuna Matata ( Versión Latina )

    Hakuna Matata (Inglés)

    osito gominola

    La vaca lechera

    Cucu

    Pin Pon

    Los pollitos

    El zorro ladrón


    La brujita torpe 1



    La estrella que no podía brillar Parte 1


    Una noche el gato Barnabé descansaba bajo la luz de la luna, sobre el tejado de su vieja casa. Intentaba contar las estrellas del firmamento cuando de repente escuchó a alguien llorar: buu...buu...buu...
    ¿Quien llora? - pregunto Barnabé
    Soy yo...Escarcha....buu...buu... - respondió una voz
    ¿Donde estas Escarcha? - insistió Barnabé
    ¡Aquí arrriba en el firmamento! - contestó Escarcha - ¡soy una estrella!
    ¿Porque no te puedo ver? - preguntó Barnabé
    Porque soy la estrella que no brilla... y por eso estoy triste - contestó Escarha
    ¿Porque no puedes brillar? - insistió nuevamente Barnabé
    Es una larga historia - suspiró Escarcha
    ¡Cuentame por favor!...quizas te puedo ayudar - dijó Barnabé
    Continuará...

    La estrella que no podía brillar Parte 2


    Entonces Escarcha, la estrella, le cuenta a Barnabé el porqué de su tristeza:

    "Hace nucho tiempo yo era muy vanidosa, y solo tenía un gran deseo en mi mente: ser la estrella más bella de todas y estaba dispuesta a lograrlo de cuelaquier manera. comencé a ir al gimnasio, a los salones de belleza, a los spas mas conocidos y a todos los lugares que me recomendaban, pero nunca estaba satisfecha, pues aunque mis amigos me decían que era muy linda yo quería ser mucho más linda. En ese entonces solo me preocupaba mi aspecto exterior y como lucia mi imagen ante los demás.

    Una noche una malvada bruja se me acerco y me dijo:
    Se que tu quieres ser la más bella de todas y yo puedo ayudarte, soy una bruja y puedo hacer un hechizo para convertirte en la estrella más hermosa del firmamento, pero debes darme algo a cambio.
    Entonces, sin medir las concecuencias y sin preguntar que era lo que quería a cambio, acepté rapidamente la oferta de la malvada bruja.
    La bruja lanzó sobre mi un hechizo, de inmediato me convirtió en la más hemosa de todas, pero mi felicidad duro solo unos instantes porque la bruja se llevo a cambio toda mi luz y mi brillo. Desde entonces vivo en la oscuridad, me siento sola y muy triste, pues de nada sirve ser la estrella más hermosa si no puedo alumbrar el firmamento".

    Continuará...

    La estrella que no podía brillar Parte 3

    Después de escuchar la historia, Barnabé decidió buscar la forma de ayudar a Escarcha a recuperar su brillo.

    "En casa, mi amiga la bruja buena, tiene un gran libro de hechizos, estoy seguro de que allí encontraré la manera de devolverte tu brillo - afirmó Barnabé".

    "¡Qué bien! - exclamó Escarcha".


    Barnabé entró a la casa y buscó entre las cientos de hojas amarillas de aquel viejo libro de hechizos hasta que encuentró la fórmula para una poción que devuelve la luz a las estrellas, pero la poción solo es efectiva si la estrella esta dispuesta a compartir su tesoro más preciado con los demás.

    "¡Escarcha!, ¿cual es tu tesoro más preciado? - preguntó Barnabé

    "La verdad...no lo sé...- susurró Escarcha - antes era mi brillo...pero...ahora no tengo ningún tesoro".

    "¡Es imposible que no poseas nada! - afirmó Barnabé - todos tenemos algo muy especial dentro de nosotros, algo que podemos compartir".

    "No entiendo - dijó Escarcha preocupada".

    " Por ejemplo - dijó Barnabé - mi amiga la bruja buena conoce muchos hechizos con los que ayuda a las personas; mi amiga la gata dormilona es muy cariñosa; mi amigo el pollito Picón es el más leal que conozco; mi amiga la ratita Primorosa nunca dice mentiras; mi amigo el conejo saltarín tiene un corazón muy grande y yo, el gato Barnabé, tengo un gran tesoro y es la amistad de todos ellos.
    "¡Oooh!...¡ahora entiendo!...suspiró Escarcha - un gran tesoro es el amor, la mistad, la felicidad, la honestidad, la mabilidad, la lealtad...y todo lo bueno que podemos compartir con los demás".

    "Sí, y estoy seguro que posees muchos de estos tesoros, solo debes buscarlos dentro de ti - dijó Barnabé".

    "Es verdad - afirmó Escarcha - ahora sé que debo compartir todo lo bueno que hay dentro de mi con todos aquellos que me rodean".

    Barnabé le pide a su amiga, la bruja buena, que le ayude a prepar la poción para devolverle el brillo a Escarcha. como la bruja buena es muy amable acepta inmediatamente.

    Al cabo de un rato, la bruja le entregó a Escarcha una botella con la pocima mágica.

    "¡Debes beber hasta la última gota!" - exclamó la bruja buena - pero solo hará efecto hasta mañana.

    Escarcha la bebió toda y la terminar agradeció a Barnabé y a la bruja buena por la ayuda.

    Esa noche Escarcha durmió como nunca, estaba segura de que todo estaría bien de ahora en adelante.

    Continuará...