22.8.11

Las monstruosas aventuras de Zipi y Zape

Zipi y Zape

Zipi Y Zape 01x26 - Hermanitos No Gracias.avi (13:50)
Zipi Y Zape 02x26 - Se Lo Que Copiasteis.avi (13:42)
Zipi Y Zape 03x26 - Algo Pasa Con Evilina.avi (14:13)
Zipi Y Zape 04x26 - Pobre Niño Rico Y Asqueroso.a (13:40)
Zipi Y Zape 05x26 - Misión_ Wanda Está Imposible (13:33)
Zipi Y Zape 06x26 - ¡E'mío, Mío Y Sólo Mío!.a (13:19)
Zipi Y Zape 07x26 - ¡Que Viene El Coco!-Parte1.av (13:46)
Zipi Y Zape 08x26 - ¡Que Viene El Coco!-Parte2.av (13:32)
Zipi Y Zape 09x26 - La Guerra De Los Piojos.avi (13:20)
Zipi Y Zape 10x26 - Podemos Tener Un Perrito.avi (13:46)
Zipi Y Zape 11x26 - Pesadilla De Evilina's Stress. (13:29)
Zipi Y Zape 12x26 - ¡Quítale La Barba A Santa Cl (14:01)
Zipi Y Zape 13x26 - Pdotezto Zenodia.avi (13:42)
Zipi Y Zape 14x26 - La Superpandi.avi (13:45)
Zipi Y Zape 15x26 - ¡Al Sótano Sin Cenar!.avi (13:40)
Zipi Y Zape 16x26 - Sir Toi O No Sir Toi.avi (14:11)
Zipi Y Zape 17x26 - Por Un Puñado De Bolis.avi (13:47)
Zipi Y Zape 18x26 - El Zafiro Se Da El Piro.avi (13:58)
Zipi Y Zape 19x26 - Jope, Y Yo Con Estos Padres.av (13:41)
Zipi Y Zape 20x26 - Te Lo Juro Por La Cobertura De (13:47)
Zipi Y Zape 21x26 - El Proyecto De La Bruja Bleeee (13:48)
Zipi Y Zape 22x26 - ¡Te Pireeeeees!.avi (13:49)
Zipi Y Zape 23x26 - ¡Vaya Par De Colgaos!.avi (13:36)
Zipi Y Zape 24x26 - Los Ángeles Caídos Y Mojado (13:45)
Zipi Y Zape 25x26 - Amor ¡Qué Asco!.avi (13:20)
Zipi Y Zape 26x26 - Los Caballeros Del Pupitre Red (13:42)

Espero os hayan gustado,como antaño me gustaban a mi y a mi hermano... :)

Heidi la película en Megavideo



Disfrutadla. :)

3.8.11

El Elefante y otros animales


Allá en tiempo de entonces,
y en tierras muy remotas,
cuando hablaban los brutos
su cierta jerigonza,
notó el sabio elefante
que entre ellos era moda
incurrir en abusos
dignos de gran reforma.

Afeárselos quiere,
y a este fin los convoca.

Hace una reverencia a todos con la trompa,
y empieza a persuadirlos
en una arenga docta
que para aquel intento estudió de memoria.

Abominando estuvo
por más de un cuarto de hora
mil ridículas faltas,
mil costumbres viciosas:
la nociva pereza,
la afectada bambolla,
la arrogante ignorancia,
la envidia maliciosa.

Gustosos en extremo,
y abriendo tanta boca,
sus consejos oían muchos de aquella tropa,
el cordero inocente,
la siempre fiel paloma
el leal perdiguero,
la abeja artificiosa,
el caballo obediente,
la hormiga afanadora,
el hábil jilguerillo,
la simple mariposa.

Pero del auditorio otra porción no corta,
ofendida,
no pudo sufrir tanta parola.

El tigre,
el rapaz lobo,
contra el censor se enojan.
¡Qué de injurias vomita la sierpe venenosa!
Murmuran por lo bajo,
zumbando en voces roncas,
el zángano,
la avispa,
el tábano y la mosca.

Sálense del concurso por no escuchar sus glorias,
el cigarrón dañino
la oruga y la langosta.
La garduña se encoge,
disimula la zorra,
y el insolente mono hace de todos mofa.
Estaba el elefante viéndolo con pachorra,
y su razonamiento concluyó en esta forma:
«A todos y a ninguno mis advertencias tocan:
quien las siente, se culpa:
el que no, que las oiga.»

El pais de los cinco sentidos

























Para Cositas con todo mi cariño, y para toooodos los niños del mundo que puedan llegar aquí :)

Trabalenguas ( El señor Pereira )

Pedro Pablo Pérez Pereira,
perito pintor pachuco pedante,
pinta paisajes preciosos
por precios proporcionales,
para poder pagar pasaje para París
pasando por Portugal

Trabalenguas ( Quiero )

Quiero y no quiero querer
a quien no queriendo quiero.
He querido sin querer

y estoy sin querer queriendo
Si por mucho que te quiero
quieres que te quiera más
te quiero más que me quieres
¿Qué más quieres? ¿Quieres más?

Trabalenguas ( Cuando cuentes cuentos )

Cuando cuentes cuentos
cuenta cuántos cuentos cuentas,
porque si no cuentas cuántos cuentos cuentas,
nunca sabrás cuántos cuentos cuentas tú.

Trabalenguas ( Qué le pasa a esta cabra? )

Había una cabra ética sinética palán palamética,
que tenía sus cabritos éticos sinéticos palán palaméticos.
Si la cabra no fuera ética sinética palán palamética,
sus cabritos no hubieran sido éticos sinéticos palán palaméticos.

La anciana del 4ºB



A pesar de que casi nunca se dejaba ver, todos los niños del edificio le tenían un miedo atroz a la anciana del cuarto B. No hablaba con nadie, apenas salía de casa y decían los más mayores del lugar que tenía tantos años como aquel viejo edificio, o quizá más. Siempre había estado ahí, con su cara llena de arrugas, sus ojos achinados enmarcados en unas gruesas gafas redondas, y un enorme y plateado moño que llevaba en lo alto de su pequeña cabeza. ¿Quién era aquella anciana silenciosa?

Los niños del edificio pensaban que debía ser una bruja:

- Pero si es una bruja, ¿cómo es que no tiene gatos? – dudaban algunos.
- Es verdad, todas las brujas de mis cuentos tienen gatos negros y narices afiladas…
- Pero eso son tonterías de los cuentos…seguro que en la vida real las brujas pueden tener muy diversos aspectos…

La única mujer que se relacionaba con la anciana del cuarto B era la Cuca, una soltera cincuentona que una vez a la semana entraba a la casa a hacer la limpieza y cocinar para la anciana lo que comería el resto de la semana.

- ¿No te da miedo entrar en su casa, Cuca? Mira que si es una bruja…
- ¡Qué bobadas decís! No es más que una tranquila abuelita sentada en su sillón que teje y teje sin parar.
- ¿Teje sin parar? Eso es muy extraño, Cuca, ¿y para quién teje?
- Pues dice que para sus nietos.
- Para sus nietos, ¿qué nietos? Si nadie viene a visitarla nunca…

A los niños aquellos de los nietos le sonaba a chamusquina: ¿no sería que tenía encerrados a muchos niños y tejía ropa para ellos? Pero aquello tampoco tenía mucho sentido…

Un día la Cuca se encontró a la anciana del cuarto B muy enferma. Llamaron al médico, que afirmó que tendría que estar en cama al menos dos semanas y que debía estar vigilada para ver si empeoraba. Pronto se levantó un gran revuelo en el edificio:

- ¿Y ahora qué hacemos?
- ¿Quién se encargará de ella? Mira que yo no tengo tiempo…
- Pues que se encargue su familia…
- Pero si no tiene…

Uno a uno, todos los vecinos fueron poniendo excusas para no atender, ni siquiera un rato, a la anciana del cuarto B. Finalmente la Cuca, visiblemente enfadada, se ofreció a quedarse en su casa el tiempo que necesitara hasta que se pusiera de nuevo bien. Pero eso sí, con una condición.

- Que todas las tardes los niños del edificio suban a merendar al cuarto B. Yo les prepararé la comida y así harán compañía a la vieja.

A los niños aquella idea les pareció terrible: entrar en casa de aquella bruja que encerraba niños. ¡Qué miedo! Pero la Cuca se puso tan seria que a los padres no les quedó otro remedio que aceptar el trato.

Aquella tarde acudieron todos muy asustados al cuarto B. Pero la casa no era tal y como la habían imaginado. Estaba limpia y muy ordenada, a pesar de estar llenísima de cosas. La Cuca les hizo pasar a la habitación. La anciana estaba despierta y cuando les vio entrar su cara se iluminó con una sonrisa. Era la primera vez que la veían sonreír.

- Pero pasad, no os quedéis en la puerta – afirmó con una voz débil. - Me ha dicho la Cuca que vendréis a visitarme cada día. ¡Qué amables!

Los niños fueron entrando con timidez, y sentándose en la sillas que la Cuca había preparado para ellos. De repente, ya no tenían miedo. La anciana del cuarto B les dijo que se llamaba Jacinta, pero que cuando era joven, sus amigos habían empezado a llamarla Cinta, y Cinta se había quedado. Les contó que tenía muchos nietos, pero que nunca la visitaban, y que ella les echaba de menos.

Estuvieron hablando así toda la tarde, un día y otro día, hasta que la anciana se puso buena y ya no hizo falta que la cuidara la Cuca. Pero aunque el trato ya se había cumplido, los niños del edificio siguieron acudiendo a visitar a Cinta algunas tardes. Le daban conversación mientras ella tejía y tejía.

Y fue así como el siguiente invierno, todos los niños del edificio, lucieron las bufandas más coloridas y calentitas de todo el barrio

Valentín, el hipopótamo bailarín




Valentín llegó al zoo una tarde en que llovía mucho. No venía de África, como los otros hipopótamos del zoológico, sino del Gran Circo Mundial “La Ballena”, que había tenido que cerrar por problemas económicos. Su desaparición había provocado que todos los animales del circo tuvieran que buscarse otro lugar donde vivir.

A Valentín le habían mandado a un zoo pequeñito que había en una ciudad del norte. El lugar parecía agradable, pero…¡era tan diferente al circo! Lo único que se podía hacer todo el día era dormir, comer, rebozarse en el barro y sonreír a los visitantes que le hacían fotos constantemente.

-         ¿Es que aquí no se hace nada más? – preguntaba frunciendo el ceño, el hipopótamo Valentín.
-         ¿Te parece poco? – contestaba siempre uno de los perezosos de la jaula de al lado- sonreír todo el día a los turistas me parece agotador ¡con lo bien que se está durmiendo!

Pero a Valentín, que venía de una legendaria familia de hipopótamos artistas y bailarines de circo, eso de estar todo el día tirado a la bartola le aburría una barbaridad…

-        ¡Si al menos tuviera música con la que bailar! – se lamentaba constantemente, mientras sus pies se movían al son de una melodía imaginaría que solo escuchaba él.

Los animales con los que convivía observaban con curiosidad a aquel hipopótamo extraordinario que suspiraba cada día y aprovechaba los momentos en los que no había visitantes, para bailar un tango, una samba o un cha-cha-chá. Por eso todos le llamaban el hipopótamo bailarín.

-        Los bailes latinos son divertidos- explicaba a sus amigos- aunque a mí, de siempre, lo que más me gusta es la danza clásica con sus tutús vaporosos y sus zapatillas puntiagudas…

Tanto se lamentaba, y tan triste se le veía, que los animales del zoológico decidieron un día hacerle un regalo. Se juntaron todos sin que Valentín, el hipopótamo bailarín, se enterara y urdieron un plan para sorprender a su amigo.

-        Necesitamos una banda, eso es fundamental – comentó la leona.
-        Nosotros podemos hacer música con nuestras trompas – se ofrecieron los elefantes.
-        Y nosotras con nuestros picos – exclamaron las grullas y los flamencos.
-        Quizá nosotros podamos tocar el tambor – se ofrecieron los osos.

Uno a uno, todos los animales fueron organizándose para formar aquella orquesta maravillosa. Ensayaban a la menor ocasión, aunque lo más difícil era mantener alejado a Valentín. De esa delicada misión se encargaron los chimpancés, que estaban todo el rato tratando de entretener al hipopótamo.

-        ¡Qué pesados están los monos, últimamente! – se quejaba Valentín – se pasan el día detrás de mí.

Y cuando le escuchaban quejarse, todos los animales se reían para sí, pensando en la sorpresa que se llevaría Valentín cuando viera aquella orquesta maravillosa y pudiera bailar con ellos.

Por fin, después de varias semanas de ensayos, llegó el día elegido. Se trataba del aniversario de la llegada de Valentín al zoo. Había pasado un año entero. Doce meses sin funciones, sin coreografías, sin aplausos, sin trajes de baile, ni tutús elegantes.

-        ¡El tutú! Se nos había olvidado por completo – exclamó contrariado el rinoceronte.- No podemos hacerle bailar sin su tutú.
-        ¿Pero dónde encontraremos uno? – se preguntaron todos.
-        No os preocupéis – exclamó uno de los chimpancés – ¡Yo conseguiré uno! Dadme unas horas.

Y el chimpancé desapareció entre los árboles. Fue colgándose de una rama a otra hasta que salió a la ciudad. Anduvo de árbol en árbol hasta que por fin llegó a una tienda de disfraces. De cómo consiguió hacerse con un disfraz de bailarina tamaño XL poco más se sabe, pues nunca quiso desvelar lo que había ocurrido. Lo único que supieron todos los animales es que apenas un par horas después de haberse marchado, el chimpancé estaba de vuelta con un enorme tutú rosa y con sus zapatillas a juego.

-        Ya lo tenemos todo –anunció el tigre de Bengala, que era el director de la orquesta. - ¡Que empiece la función!

Cuando Valentín escuchó aquella música estrafalaria no pudo evitar acercarse a ver que pasaba. ¡Vaya sorpresa se llevó al ver a todos sus amigos tocando la Sinfonía nº5 de Beethoven! Pero el hipopótamo se quedó aún más sorprendido cuando uno de los chimpancés le entregó un paquete envuelto en papel amarillo: ¡era un tutú!

Valentín, el hipopótamo bailarín, se probó aquel tutú y bailó y bailó para todos sus amigos.

Los animales del zoo lo pasaron tan bien, que desde entonces, cada primer lunes del mes organizan un gran concierto donde todos están invitados. También tú…aunque… ¿te atreves a danzar con el hipopótamo bailarín…?

El mago de Oz



La pequeña Dorothy vivía en una granja en Kansas con sus tíos y un perro llamado Totó. Un buen día, mientras jugaba con el perro por los alrededores de la casa, sintieron como un fuerte viento se acercaba. Se trataba de un tornado, así que asustados, Dorothy y Totó trataron de llegar a casa. Pero el tornado era tan potente que se llevó a la niña y al perro, ante la mirada aterrorizada de sus tíos.

El tornado llevó a Dorothy y a Totó a un lugar totalmente desconocido y mágico. Cada extraño personaje al que se encontraban, Dorothy les preguntaba lo mismo:

- ¿Cómo podemos volver a casa?

Todos les contestaban lo mismo:

- Para volver a casa es necesario visitar al Mago de Oz y para eso hay que seguir siempre el camino de baldosas amarillas.


En el camino, Dorothy y Totó fueron cruzándose con personajes que, al igual que ella, también tenían un deseo que cumplir. El espantapájaros, por ejemplo, pedía incesantemente un cerebro. El hombre de hojalata deseaba tener un corazón y el león miedoso quería, más que nada en este mundo, tener valentía. Todos juntos decidieron seguir el camino de baldosas amarillas con la esperanza de que el mago de Oz hiciera realidad sus deseos.

Pero el mago de Oz, después de escucharlos, les puso una condición:

- Vuestros deseos se cumplirán solo si sois capaces de acabar con la bruja más cruel y malvada del reino: la bruja malvada del oest.

Como no les quedaba más remedio, Dorothy, Totó, el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león miedoso aceptaron aquel reto y salieron en busca de la malvada bruja. Sin embargo nada más salir, se perdieron en un inmenso campo de amapolas.

- Qué cansada me encuentro de repente – exclamó Dorothy bostezando exageradamente.
- A mí también me pasa – susurro con los ojos cerrados el león.
- Yo también siento mucho sueño – añadió el hombre de hojalata.

El intenso aroma de las amapolas le sumió a todos en un profundo sueño. La bruja malvada del oeste, que gracias a sus poderes ya sabía que Dorothy y sus amigos iban a por ella, aprovechó la situación para enviar a sus monos voladores, que se llevaron a todos hasta su castillo.

Al despertar, Dorothy y sus amigos se asustaron mucho. Inconscientemente, Dorothy cogió lo primero que tenía a mano y se lo tiró a la bruja. Se trataba de un inofensivo vaso de agua. Pero lo que ninguno sabía es que, precisamente el agua, era lo que podía hacer desaparecer a la bruja.

Roto el hechizo, todos los amigos de Dorothy vieron cumplidos sus sueños, todos menos ella.

- Pero yo también quiero volver a casa, allí me esperan mis tíos, mi granja, mi escuela…

Tanto se lamentó Doroty, que el mago se apiadó de ella.

- De acuerdo, podrás venir conmigo en mi globo mágico. Súbete, buscáremos tu casa…

Doroty, Totó y el Mago de Oz, subieron a aquel globo desde el que se veía todo el reino maravilloso de Oz. Era increíble observar todo desde tan arriba, tan pequeño, que parecía de juguete. Pero Totó, tan inquieto como siempre, perdió el equilibrio y cayó. Dorothy salto tras el para salvarle, mientras caía, escuchó las voces de aquellos personajes con los que se había ido topando por todo el reino encantado de Oz.

- Pero, ¿cómo me salvaré ahora? Estoy a punto de caer…

Justo en ese momento, Dorothy se despertó. A su lado hablaban sus tíos y ladraba contento Totó. Todo había sido un sueño, el sueño más maravilloso que había tenido alguien jamás…

Volar


Mamá dice
que no importa
cuántas veces caiga.

Ella siempre está
para levantarme.

Cuando no conozco
alguna letra,
me da un besito y... ¡Oh!

La letra sale de su escondite
y mi cielo brilla.

También dice
que algún día podré volar solo,
pero debo conocerlas todas.

Mamá y yo hacemos la tarea.
Uso gafas, casco y bufanda
para recordar hacia dónde voy.