3.8.11

El mago de Oz



La pequeña Dorothy vivía en una granja en Kansas con sus tíos y un perro llamado Totó. Un buen día, mientras jugaba con el perro por los alrededores de la casa, sintieron como un fuerte viento se acercaba. Se trataba de un tornado, así que asustados, Dorothy y Totó trataron de llegar a casa. Pero el tornado era tan potente que se llevó a la niña y al perro, ante la mirada aterrorizada de sus tíos.

El tornado llevó a Dorothy y a Totó a un lugar totalmente desconocido y mágico. Cada extraño personaje al que se encontraban, Dorothy les preguntaba lo mismo:

- ¿Cómo podemos volver a casa?

Todos les contestaban lo mismo:

- Para volver a casa es necesario visitar al Mago de Oz y para eso hay que seguir siempre el camino de baldosas amarillas.


En el camino, Dorothy y Totó fueron cruzándose con personajes que, al igual que ella, también tenían un deseo que cumplir. El espantapájaros, por ejemplo, pedía incesantemente un cerebro. El hombre de hojalata deseaba tener un corazón y el león miedoso quería, más que nada en este mundo, tener valentía. Todos juntos decidieron seguir el camino de baldosas amarillas con la esperanza de que el mago de Oz hiciera realidad sus deseos.

Pero el mago de Oz, después de escucharlos, les puso una condición:

- Vuestros deseos se cumplirán solo si sois capaces de acabar con la bruja más cruel y malvada del reino: la bruja malvada del oest.

Como no les quedaba más remedio, Dorothy, Totó, el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león miedoso aceptaron aquel reto y salieron en busca de la malvada bruja. Sin embargo nada más salir, se perdieron en un inmenso campo de amapolas.

- Qué cansada me encuentro de repente – exclamó Dorothy bostezando exageradamente.
- A mí también me pasa – susurro con los ojos cerrados el león.
- Yo también siento mucho sueño – añadió el hombre de hojalata.

El intenso aroma de las amapolas le sumió a todos en un profundo sueño. La bruja malvada del oeste, que gracias a sus poderes ya sabía que Dorothy y sus amigos iban a por ella, aprovechó la situación para enviar a sus monos voladores, que se llevaron a todos hasta su castillo.

Al despertar, Dorothy y sus amigos se asustaron mucho. Inconscientemente, Dorothy cogió lo primero que tenía a mano y se lo tiró a la bruja. Se trataba de un inofensivo vaso de agua. Pero lo que ninguno sabía es que, precisamente el agua, era lo que podía hacer desaparecer a la bruja.

Roto el hechizo, todos los amigos de Dorothy vieron cumplidos sus sueños, todos menos ella.

- Pero yo también quiero volver a casa, allí me esperan mis tíos, mi granja, mi escuela…

Tanto se lamentó Doroty, que el mago se apiadó de ella.

- De acuerdo, podrás venir conmigo en mi globo mágico. Súbete, buscáremos tu casa…

Doroty, Totó y el Mago de Oz, subieron a aquel globo desde el que se veía todo el reino maravilloso de Oz. Era increíble observar todo desde tan arriba, tan pequeño, que parecía de juguete. Pero Totó, tan inquieto como siempre, perdió el equilibrio y cayó. Dorothy salto tras el para salvarle, mientras caía, escuchó las voces de aquellos personajes con los que se había ido topando por todo el reino encantado de Oz.

- Pero, ¿cómo me salvaré ahora? Estoy a punto de caer…

Justo en ese momento, Dorothy se despertó. A su lado hablaban sus tíos y ladraba contento Totó. Todo había sido un sueño, el sueño más maravilloso que había tenido alguien jamás…

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