Dentro de todo lo acontecido en pueblito, existe un hombre que me acompañó en mi recorrido, haciendo más ligero y agradable mi trayecto.
Lo vi a lo lejos, detuvo sus pasos, se quedó observando, sus dedos recorrieron el ala de su sombrero, inclinó la cabeza en señal de saludo, (esta forma de saludarme continuó todo el tiempo que estuve en pueblito), respondí con una ligera sonrisa.
Días después solicitó consulta, le había picado una araña en la ingle, no me permitió ver qué había por ahí, por pena, pero sí tomó una foto donde incluía parte de su miembro — Oh, vaya —, me centré solo en esa enorme mancha negra de su piel.
Tiempo después entró a consulta el mismo hombre, traía la mano enredada en una toalla ensangrentada.
— ¿Qué ha sucedido?
— Estaba cortando leña y se me atravesó la mano — Me quedé pensando, ¿cómo se puede atravesar tu mano?, digo, la de otro tal vez, pero, ¿la propia? — 36 fragmentos de astilla de mezquite y 15 puntos, vacuna, medicamento y a reposar hasta que se recuperara su mano.
Nuevamente consulta, diagnóstico, inmovilizar pierna, traslado y lo siguiente, esta vez y viendo cierto interés del cual ya me había dado cuenta le digo.
— Señor, nos vemos en verano — Sonrió apenado, sonreí preocupada y lo coloqué en la ambulancia para seis horas de camino rural (brinquitos, montones de vueltas, subidas, bajadas, baches, desniveles y piedras, muchas piedritas).
Voz de profeta. Don Alejandro me saluda desde la puerta y pienso — ¿Qué habrá hecho esta vez? — Parece que leyó mis pensamientos porque se apresuró a decirme — No doctora, todo está bien, es que, pues me dejó pensando en nuestra última cita
— Discúlpeme, estoy perdida, ¿cita?, ¿cuál cita?
— Nuestra cita, doctora, ¿no se acuerda? — Se me escondieron las palabras, no supe qué decir — Acuérdese, el día de la ambulancia — ¿Eso era una cita? — Pos sí — Pues no, usted estaba fracturado y como su doctora lo atendí — Pos eso tiene remedio, salga conmigo.
— Don Alejandro, no puedo, usted es mi paciente, pero contésteme algo, ¿usted provocó sus accidentes?, su rostro fue la respuesta, nos despedimos y antes de marcharse... — Adiós, Don Alejandro, cuídese, con la salud no se juega — Asintió con la cabeza y se despidió.
Lo encaminé a la salida y, a punto estaba de cerrar la puerta cuando un remolino potente se creó allí, donde él estaba, elevándolo un par de metros del suelo y estrellándolo contra la reja.
Don Alejandro hoy tiene una hermosa cicatriz al costado de su frente y cuenta, que se la hizo en nuestra última cita.

Un adiós inolvidable! Jaja pobre señor cuántos accidentes tenía para llegar hasta vos! Besos
ResponderBorrarNo dudes que tendré a Don Alejandro por mucho tiempo en mis pensamientos
BorrarAbrazo
Creo que Don Alejandro confundía el concepto de cita médica con el de cita amorosa, aunque no se le puede culpar cuando la Doc es guapa ;) Por suerte sobrevivió. Graciosa anécdota y bonita canción.
ResponderBorrarBesos dulces Verito y dulce noche.
Desde fuera se ve claro, Dulce
BorrarHasta ahora, sé que sigue vivo y espero que así continúe
La canción me la encontré de paso
Besito
La guerra estaba perdida mucho antes de empezar, https://www.youtube.com/watch?v=EoPsEEN39fU
ResponderBorrarUn gran abrazo
Así fue, Camila, solo que él no lo sabía, gracias por la música
BorrarAbrazo
Discúlpame, me equivoqué de video, https://www.youtube.com/watch?v=pQ2G34zVC4U
BorrarAh, mucho mejor, gracias
BorrarEstaba predestinado.
ResponderBorrarBesos.
Claro que lo presto.
Así es, Torito
BorrarBesitos y gracias
Tendrá algo para contar al menos jeje
ResponderBorrarNo quiero pensar qué tanto tendrá para contar
BorrarAbrazo
Has matado dos pájaros de un tiro, Verónica, y me parece genial :-9
ResponderBorrarCada loco con su tema. Don Alejandro en su mundo y con sus cosas. Para él era una cita solo que faltaba ponerle el apellido: de urgencia. Pero solo era para ella :-9 ¡Qué locuras se hacen por amor!
Muchísimas gracias por participar en la dinámica juevera y hacernos sonreír, a pesar de un adiós.
Un beso enorme.
Una noche nos encontramos en el comedor, él se sentó en la mesa contigua, cuando le preguntaron qué quería cenar dijo, ''lo mismo que ella'', no sé si eso también generó en otra historia.
BorrarGracias a ti por recibirme.
Abrazo
Que ternura , Don Alejandro si que sentía pasión por su doctora , vamos que se fracturaba cada dos por tres por el solo hecho de estar a su lado. Amores sean como sean ajajja,
ResponderBorrarUn abrazo
Algo temerario, Campirela
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Encontré tu blog y paso a seguirte. Te invito a leer mis frases. Saludos
ResponderBorrarBienvenida, pasaré a verte
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Jolines pues si se iniciaba una relación seria podría ser peligrosa...muy buen relato, besos.
ResponderBorrarMe hubiese convertido en médico particular de este hombre
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No es método adecuado para seducir a una bella doctora. Pero se entienden esas emociones.
ResponderBorrarParece que le tocó lo que le ha pasado a grandes artistas, un amor no correspondido.
Bien contado. Besos.
Por donde lo vea, no lo entiendo, Demiurgo
BorrarDe esos seguro hay muchos
Abrazo
Por Dios. Creo eso es amor....
ResponderBorrarLlegar a estos extremos es notable.
No sé yo si es amor u obsesión, José
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Curiosa la historia que desencadenó la despedida.
ResponderBorrarTe felicito.
Todo fue extraño, Tracy
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El burro coge por insistente, no por burro. O algo asi.... jajajaaj
ResponderBorrarNi idea, no había escuchado eso
BorrarSaludos
Ese Adiós ha sido muy gestado, un relato enorme. Muy bueno
ResponderBorrarUn abrazo
Gracias, Albada
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