Cuatro meses antes.
— ¿Qué quieres hacer en Noche de Reyes, mi niña y qué regalo te gustaría?.
Me toca el mentón y sonríe, con esa sonrisa que me embelesa el alma y derrite mis rodillas.
— Me toca hospital, trabajaré hasta entrada la noche, son fechas que cubro a los doctores de base... lo siento.
— ¡Bien!, no te preocupes, algo se nos ocurrirá.
— ¿Y de regalo?.
— Solo a ti, Iván.
Sonríe y me abraza.
— Ya me tienes, pero dime, ¿qué te gustaría?.
Me quedo pensando y nada quiero, nada necesito, son tiempos en los que lo tengo a él, tengo a mi familia y tenemos salud, ¿qué más puedo pedir?.
Noche de Reyes.
Estoy trabajando en urgencias, en tiempos vacíos lo he estado recordando. Han pasado tres días desde su deceso. Me duele el cuerpo, me duele el alma. Por todo el día la oscuridad se ha apoderado de mí, lo extraño y me provoca tristeza, siento impotencia y también siento una ira que no cesa.
Después de dieciséis horas termino mi turno, cabizbaja y llorosa me dirijo al estacionamiento, paso a paso el trayecto se vuelve eterno, cada paso que doy es como si se hundiera mi cuerpo en el asfalto, las piernas me pesan, el auto parece lejano. Me sostengo de un árbol y lloro amargamente. Apenas puedo alcanzar el aliento al llegar al auto, todo es tan oscuro.
Ya en casa abro la cuenta de correo que tenía olvidada y me paralizo al ver su mensaje de hace cuatro días...
— Mi niña, tu regalo. Te inscribí a tiempo en el concurso... ¡ÉXITO!
Siento frío...
P.D.: Hace cuatro meses hubo una convocatoria para publicar artículos, me fue imposible registrarme porque estaba haciendo guardias de noventa horas por veinticuatro de descanso.
(Desahogo emocional)
Jornadas muy duras con ese "regalo" para tu protagonista.
ResponderBorrarUn abrazo y feliz día.
Legalmente están prohibidas, Rafael, pero no les importa.
BorrarAbrazo, feliz noche
Bellamente humano y emocional. UN abrazo desde mi cubil colombiano. Carlos
ResponderBorrarGracias, Carlos Augusto. Un abrazo hasta allá.
BorrarC
ResponderBorrarHay conexiones que realmente son mágicas y cada tanto algo nos sorprende al confirmarnos de que así es.
ResponderBorrarBesos dulces Verito.
Lo sé; y piensas que es para toda la vida, pero infortunadamente, los tiempos de vida son distintos.
BorrarAbrazo
Hace nada que era de día; un día gris que te hiela la planta de los pies y nunca se calientan. Los charcos son espejos que reflejan la vida cotidiana con agua sucia. Voy sumido en mis pensamientos y me tropiezo con un perro que quiere pasar desapercibido pegado a la pared. Va a paso rápido, alzando los ojos para vigilar con miedo a quién se cruza por si tiene que correr. Todo es frío. Todo es triste. Como una nube gris, el silencio va cubriendo las calles de este pueblo. Se escucha la vida cotidiana de alguna casa, los últimos pajaros de los tejados, un coche lejano o un niño llorando amargamente. Hacía años que el invierno era invierno y mis recuerdos de niñez vuelan lejos de esta rutina. Tengo el corazón caliente y los pies fríos. Al volver la esquina está la puerta de mi casa. Me quito la mascarilla y lleno mis pulmones de aire...lejos en el horizonte el sol se va escondiendo buscando otras tierras donde quiza ella, se cruce con mi mirada en su pensar...
ResponderBorrarMe has emocionado, Buscador y eso es difícil que suceda con frecuencia, gracias.
BorrarMe has hecho pensar que duro es estar al pie del cañón y ver la desgracia de los demás . Un relato muy duro y sacrificado ...No sé si será de verdad o ficticio pero es duro de verdad. Un abrazo
ResponderBorrarY aún así, cuando camino por la calle la gente se me retira, como si fuera a contagiarlos, siendo que estoy para ayudar.
BorrarEs una historia real, la mía.
Abrazo
Tantas veces la realidad supera la ficción... y emociona el doble. Un abrazo
ResponderBorrarY sí. Abrazo
BorrarSiento tu pérdida.
ResponderBorrarCon los tiempos que corren el mejor regalo es la salud y la responsabilidad de todos nosotros para combatir esta odiosa pandemia (aunque desgraciadamente hay personas que creen que no va con ellas el tema y hacen lo que les da la gana).
Gracias por participar. Un abrazo.
Gracias
BorrarLa irresponsabilidad está a la orden del día.
Abrazo
Acabo de ver que es real.
ResponderBorrarLo siento mucho.
Lo siento muchísimo.
No sé qué podría decirte para aliviar tu dolor.
Seguramente nada...
Un abrazo gigante y todo mi ánimo para ti.
Otro abrazo para ti ti, Toro y gracias.
Borrartenemos una deuda con tantas y tantas personas durante estos meses...
ResponderBorrary son estas pequeñas cosas inesperadas las que hacen la vida mas llevadera, y Reyes resume en si todas las ilusiones
Un abrazo
Pequeñas cosas que te estrujan el alma, Rodolfo.
BorrarAbrazo.
La magia existe y emociona y tu relato ha tenido ambas cualidades.
ResponderBorrarGracias, Tracy
BorrarImposible agradeceros uno a uno vuestros esfuerzos. Gracias a todos los que estais en primera línea luchando. Dejando en segundo lugar a familia, cansancio y dolor del alma y cuerpo. Por ello cuando tengo la oportunidad de agradecer a alguien que pertenece a ese ejército que lucha incansablemente lo aprovecho.
ResponderBorrarGracias Verónica por tu entrega.
Un abrazo lleno de calor para amortiguar un poco tu perdida.
Gracias, principalmente por tu abrazo
BorrarUn relato triste y tierno, cuando el amor es infinito se siente aun después. Abrazos
ResponderBorrarAbrazo, Ester
BorrarBonita historia, y fea la situación de los sanitarios.
ResponderBorrarCon tu permiso me quedo leyendo por aquí.
Un saludo.
¡Bienvenido, Angel!, que te sea agradable la estancia.
BorrarSaludo
Os admiro, por la entrega, la dedicación, el corazón que ponéis en todo lo que hacéis. Sois ángeles con batas blancas y alas invisibles. Quiero pensar que mi madre, dos meses encerrada en una habitación sin ver a sus seres más queridos tuvo uno de esos ángeles al lado y murió tranquila.
ResponderBorrarUn abrazo y siento mucho tu pérdida, es muy difícil recuperarse, solo hace falta tiempo para suavizarlo, que no para olvidarlo.
Un tierno abrazo
Gracias,Charo
BorrarPor muy ocupada que me encuentre, siempre saco tiempo.para sujetar una mano, es importante para ellos y para mí.
Abrazo
Hermoso relato, una mirada muy de estos tiempos, muy triste y cansador para los que tienen que estar en las primeras filas de salvación, y a veces ni un milagro ni regalo de reyes, puede aliviar.
ResponderBorrarAnimo, le diría a la protagonista.
Un abrazo.
Gracias, Cecy
BorrarEs un post que arranca tristeza y reflexión. Yo he hecho guardias de 72 horas, una cada mes durante años, en primaria y es largo, y a veces muy duro. Porque esa pérdida pueda dejar cicatrices leves con el tiempo.
ResponderBorrarUn abrazo
Desde esta noche retomo las guardias, no tan extensas pero algo y mejor así, no tienes tiempo para extrañar.
BorrarAbrazo
Así que es una historia real. Sos una persona valiosa.
ResponderBorrarY buen detalle con vos.
Un abrazo.