Gracias Torito

ESTUCHE DE NOCHE Y PLATA
(Toro Salvaje) 

Muda y desierta. Pura y guapa. La madrugada es un estuche de noche y plata. Late y sueña. Acoge y abraza. Me gusta su paz. Me gusta su magia. Es un beso del tiempo. Es una caricia del alma.

9.4.24

Una pequeña multitud de cosas locas

08 de abril

El despertar había transcurrido sin mayor problema, desayuno, gimnasio, algunas charlas con amigos y poco más. A media mañana me tocó guardia; y me dispuse (como siempre) a dar lo mejor de mí al hospital, a los pacientes.

Desde el transcurso del eclipse empezaron a llegar mujeres (con sus parejas) temerosas de sus consecuencias. Una de las mujeres embarazada llegó envuelta en una faja roja y un segurito de metal

— ¿Por qué hace eso, señora?
— Protejo a mi bebé
— ¿De qué o de quién?
— De los efectos del eclipse
No dije nada, creencias en las cuales no pienso intervenir, ni hoy, ni nunca, solo le pedí que lo aflojara para seguridad de su bebé (algo que no quiso hacer también por seguridad de su bebé)

Otra paciente solicitó consulta y al entrar venía cargando una sartén como de 30 cms. de hierro fundido, pensé que la acababa de comprar hasta que le vi el uso, no quise preguntar pero al no tener vía libre para revisarla no tuve más remedio; ya que no la quería soltar.

— Mi abuela me enseñó desde chiquita que tocar una sartén de hierro fundido ahuyenta lo negativo, mire, doctora, le cuento, esto de los eclipses es una pelea entre el abuelo Sol y la abuela Luna; y cuando eso pasa suceden cosas negativas

Y así, desde el medio día se sucedieron una tras otra consultas extrañas, cada una más inverosímil que la anterior. Setenta y seis consultas, más los pacientes de urgencias; y la mayoría por creencias negativas del eclipse, pero todos con sus lentecitos para verlo.

Hubo un momento de la madrugada que estaba tan cansada y desorientada por la actitud de las personas que activé mi ubicación para saber si realmente estaba en la ciudad o seguía en aquel pueblo olvidado...

El colmo fue ver llegar a la mami, puse cara de resignación e incredulidad y aspiré profundo esperando la descarga, pero ella solo había pasado a dejar mi cena, al ver el cupo lleno en en hospital sonrió y me susurro al oído  ¡te lo dije!, debiste cambiar guardia como te sugerí; y creo que esta noche no cenas, mi niña... ¿Premonición?


Este relato forma parte de la dinámica de los Jueves de Relatos que protagoniza Neogeminis, desde su blog del mismo nombre, con el tema: Uno entre mil, esta es mi particular forma de abordarlo e invitarlos a que se sumen a la propuesta y/o lectura de los relatos participantes.

11.10.23

Prometiste

Recuerdo aquellos años maravillosos cuando mis padres aún estaban casados, siempre me resultó arrolladoramente atractiva la imagen de una familia feliz; y quería mantener esa sensación el mayor tiempo posible. 

Esto solo hizo que el eslabón más débil de mi familia cediera e intentara mantenernos como yo quería, aún a costa de su felicidad. La mami se mantuvo estoica, hasta que una mañana me dijo directamente cuando intente una vez más decirle que quería mi familia unida.

— Pero no la tienes, Verónica; y no sucederá, ustedes con su padre; y ustedes conmigo, pero no quieras que simule por más tiempo lo que desde hace años conoces.
— Mami, pero yo lo quiero
— Pero no se puede, niña, la única familia que tendrás unida será la que formes tú, si es tu deseo 
— Prometiste que siempre nos cuidarías.... ella solo me dio un abrazo cálido y prolongado que se ha extendido a lo largo de estos diez o doce años.

Ahora, a mis veintisiete años me doy cuenta de lo egoísta que somos a veces los hijos; y de lo mucho que cubre alguno de los padres los fallos del otro (o ambos).  Me doy cuenta, que los hijos somos un lazo de amor; y no necesariamente de unión.


Este relato participa en la dinámica de Merche