Pusimos toda nuestra esperanza en la tan esperada y anhelada vacuna para no sentirnos tan indefensos frente a la pandemia, sobretodo los que estamos en primera línea, sirviendo de muro de contención contra el enemigo, con el temor constante de recibir una desafortunada noticia de algún familiar o amigo que haya sido vulnerado.
Es por todos sabido que muchos de nosotros hemos contraído el virus que ha dejado grandes pérdidas humanas, los que logramos recuperamos, aún seguimos con secuelas, dolores constantes de cabeza, pecho y espalda, pulmones debilitados y latente el temor de un nuevo contagio aún más difícil porque el cuerpo no está recuperado.
Era imposible imaginar la magnitud de la pandemia, los cambios que tuvimos que hacer, los afectos que dejamos por su propia protección y la nuestra.
Duele recibir y despedir pacientes, más, cuando ese pacientito es tu alma gemela, el amor de tu vida.
Ha llovido toda la mañana sobre mis mejillas, pasan las horas y se ha mantenido el diluvio... tengo tanto frío.
Por siempre y para siempre, TE AMO.
