6.3.11

Gusanito y el lobo egoísta Parte 2

Hoy es el cumpleaños de mi amiga la ardillita Dorada – se lamento Gusanito – si no logro cruzar el rio, no podre ir a visitarla… Lo siento amigo mio – dijo Barnabé – pero no te preocupes, debe existir otra forma de cruzar el rio, solo debemos pensar. Pero en ese instante, unos gritos de auxilio que venían desde el rio llamaron la atención de ambos, quienes corrieron a investigar: ¡Oh no!, ¡es el lobo Justin! – exclamó Barnabé. ¡Su bote se ha hundido! – gritó Gusanito. ¡Auxilio, auxilio, auxilio! – Gritaba el lobo con desesperación mientras manoteaba en el agua – ¡no sé nadar, sálvenme por favor!… Barnabé recordó un hechizo de su amiga, la bruja buena, y sin dudarlo un instante dijo unas palabras mágicas convirtiendo a Gusanito en una gran serpiente marina. Gusanito entró al agua y como ahora era una serpiente muy grande, el rio ya no parecía tan profundo, de tal manera que nadó rápidamente hasta donde se hallaba el lobo ya casi ahogado y lo rescato llevándolo a la orilla. El lobo Justin volvió en sí poco a poco, pues estaba muy agotado y había tragado mucha agua, entonces con una voz muy débil susurró: Gracias por salvarme… ahora soy yo quien les pide disculpas… he sido un lobo malo, egoísta y malgeniado… ¿Cómo puedo pagarles? Un favor no tiene precio – contestó Barnabé – debes aprender de los errores y por fortuna para ti te has dado cuento de ellos. Ahora lo que debes hacer es corregir tu mal genio y no ser tan egoísta – añadió Gusanito – debes compartir con los demás y ayudar a los que están en problemas. A partir de ese día el lobo no volvió a ser el mismo, ahora compartía y ayudaba a los demás sin esperar nada a cambio, comprendió que en cualquier momento uno también puede necesitar de los favores de los demás. Aquel día, Gusanito, convertido en serpiente marina, pudo cruzar el rio y llegar a tiempo a la fiesta de cumpleaños de su amiga la ardilla Dorada.

Colorín, Colorado
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