27.11.14

Un Detalle Para Recordar

Mamá. ¿tienes una goma? 

¿Qué? otra vez no almorzaste Juan Carlos si la mujer que tienes en casa no te da de comer comprate algo.

Pero mamá, solo quiero una goma.

No entiendes Juan Carlos, debes alimentarte, si no te alimentan ¡hazlo tú!, ya tienes 40 años. 

¡Antonio!, ¡Antonio! (María llama a su esposo y padre de su hijo).
El grito retumbó en toda la habitación, mis oídos estaban a punto del colapso, mi corazón empezó a bombear en forma descontrolada, me encontraba jugando, sentada al fondo del pasillo, en ese momento estrujé entre mis manos la muñeca con la que estaba entretenida. 

-Dime mujer- (la voz de Antonio se escuchaba serena). 

Ve a comprarle algo de comer a tu hijo, que lo han mandado nuevamente a trabajar sin almorzar. 

¿Qué?, ¿otra vez no almorzó? - 
Pero Juan Carlos, ¿qué tienes en la cabeza? ya te dije que le digas a tu señora que te alimente. 

La historia se repitió contínuamente, tío Juan Carlos era víctima de la "desalmada" esposa que lo tenía en los huesos, (por lo menos eso decía mi abuela). 

Pasaron los años y cada visita a casa de los abuelos siempre escuchaba lo mismo, hasta que un día...

Tío Juan Carlos llegó como hacía siempre a visitar a sus padres antes de marcharse a trabajar, ese día era especial, celebraba su cumpleaños, observé por la ventana, para entonces ya rondaba los ocho años, era una niñita muy despierta y con una predilección por tío Juan Carlos. 

Escuché su auto, escuché sus pasos recorrer el jardín y acercarse a la puerta principal y corrí a su encuentro con la sonrisa en los labios y un brillo especial en la mirada, de un salto caí en sus brazos que me acunaron con cuidado. 

Susurré bajito, intentando que nadie me escuchara la voz de la abuela venía acercándose rápidamente. 

¡Juan Carlos!, ¿eres tú?. 

Tomé su mano y lo llevé al jardín, saqué de entre mi ropa un regalo y lo puse en sus manos. 

Tío Juan Carlos abrió el presente con sumo cuidado y encontró en su interior la goma que contínuamente consumía, sonrió y me abrazó al tiempo que me decía al oído. 

¡Gracias chiquitina!, es un gran detalle, ahora mamá no podrá llamarme la atención como si fuera un niño chiquito.

Tío guardó en la bolsa de su pantalón el presente y con una sonrisa cómplice nos encaminamos nuevamente a casa de la abuela.

Jueves de Relatos
Lugar de encuentro: La Plaza Del Diamante
Anfitrión: Alfredo Cot
Tema: Cumpleaños

(Goma de mascar = Chicle)

Gracias por la imagen Alfredo

20 comentarios:

  1. Con lo fácil que era hacerlo feliz y cada uno hablaba un idioma. La niña fue la que lo entendió, y es que los padres siempre piensan que sus hijos son pequeños.
    Muy original tu relato.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Un hijo siempre es un hijo para cualquier padre, tenga la edad que tenga y algunos son absorbentes y sobreprotectores en esa actitud. Cuando leí eso de la goma, pensé en las que se usan en el colegio para borrar.

    Besos dulces.

    ResponderEliminar
  3. Debido a esa misteriosa goma, no acabo de entender el sentido de la entrada. me imagino que debe referirse a chicle.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Existen muchas madres intrusivas y sobre protectoras que se niegan a que su hijo o hija crezca. Me parece que la chiquilla fue la más coherente ante la situación, al tratar de solucionar con su regalito la goma ya consumida. Buen relato. =)
    Un beso

    ResponderEliminar
  5. Me costó entender lo de la goma, pero dando por sentado que se trata de un chicle u otra golosina ya tiene sentido para mí. Los pequeños detalles son los que más se valoran como regalo, y la niña supo entenderlo.

    ResponderEliminar
  6. También me confundió lo de la goma. ¿Es una clase de golosina?

    Muy astuta la pequeña.

    ResponderEliminar
  7. Es una muy linda y tierna historia la tuya Jazzy!!!

    ResponderEliminar
  8. Entretenido y enigmático, deja un poso para mover a cuenta del lector.
    ¿Qué tal si la goma fuese de borrar y sirviera para borrar el hambre en la cara de Antonio...?
    Besos y gracias por venir a La Plaza...

    ResponderEliminar
  9. Antonio tenía hambre... hambre de ternura que sólo un niño puede dar como regalo de cumpleaños.
    Besos

    ResponderEliminar
  10. Mañana te leo con tranquilidad, y te dejo un comentario, ahora venía a darte las gracias por haberte dado cuenta del error en mi entrada, que repetí varias veces el micro de una de las comentaristas en la entrada, mil gracias por habérmelo dicho, estoy muy agradecida, preciosa.

    Un beso enorme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues lo prometido, es deuda, aquí estoy, desde la tranquilidad de la tarde leyendo el relato, que me ha encantado.

      Antes de nada decirte que pensaba se trataba de una goma de borrar.

      La verdad es que tenemos que aprender mucho de los niños, son un gran ejemplo para nosotros los adultos.

      Un beso.

      Eliminar
  11. Los padres a veces nos vamos por las ramas y hacemos nuestras propias interpretaciones de las cosas, tal vez por eso de sobreproteger a quienes amamos. Tan simple como pedir una goma de mascar, y ya el imaginario vuela... Seguro que pensarían esos padres que solo quería engañar el estómago, matar el hambre... Un sencillo acto de ternura de la niña, alcanzó para demostrar que las cosas a veces son más simples y menos dramáticas, y que un buen regalo puede ser un poquito de comprensión.
    Besos!
    Gaby*

    ResponderEliminar
  12. Tambien yo me perdí un poquito con lo de la goma, aquí es un chicle, fuera de esto, el mensaje es realmente bello, una niña entendió todo ese mar de confusión que muchas veces creamos los adultos por no dejar sentada una comunicación acorde a los tiempos.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Me parece un relato de una ternura infinita. Un precioso gesto de la niña, se ven las caras de felicidad de ambos entrando en la casa. Solo quiero hacerte una corrección, que no es lo de la goma, lo entendí perfectamente, sino que el anfitrión y por tanto cumpleañero es Alfredo, Yo soy mero invitado.
    Besos.

    ResponderEliminar
  14. Me he tomado la libertad de enlazar este relato en facebook, venía muy a cuento de algo que acabo de leer.

    ResponderEliminar
  15. Me encanta, un relato que rebosa ternura. La complicidad no sabe de edades ni generaciones.
    Un beso

    ResponderEliminar
  16. Las madres suelen muy ser absorbentes en lo que respecta a los hijos. Este tipo de madres acaparadoras, que las hay, no entienden que sus hijos son capaces de volar por sí solos, y que fuera de su regazo hay personas que también se desviven por ellos, personas que les proporcionan felicidad. Demuestra más comprensión la niña pequeña con ese regalo a su tío preferido.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar