Gracias Torito

ESTUCHE DE NOCHE Y PLATA
(Toro Salvaje) 

Muda y desierta. Pura y guapa. La madrugada es un estuche de noche y plata. Late y sueña. Acoge y abraza. Me gusta su paz. Me gusta su magia. Es un beso del tiempo. Es una caricia del alma.
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25.6.14

De mujer a mujer

La noche descendía con rapidez sobre la blanca espuma de mar, la misma que se agitaba con cadencia y vigor ante mis ojos. Observé en silencio la fuerza de las olas golpeando contra las rocas al tiempo que llegaban hasta mis pies, pequeños impulsos del mar que mojaban ineludiblemente mis juguetones deditos desnudos.

La oscuridad era casi total. Escuché murmullos que rápidamente se confundían con la música del oleaje.
Era imposible desde mi posición descifrar las palabras, y entonces sonreí incrédula por sorprenderme a mí misma curioseando en conversaciones ajenas; haciendo un ademán de indiferencia encaminé mis pasos hasta la hamaca blanca que se mecía con la brisa atada a dos hermosas palmeras. 

El suave vaivén de las olas, aún con su poderío, y la brisa que sentía acariciando mi cuerpo, me invitaban a rendirme en los brazos de Morfeo lentamente. Cerré los ojos y me introduje en un letargo delicado y silencioso. En ese momento escuché su voz, era casi como un susurro que depositaba las palabras en mi oído. 

-Estoy hecha de impulsos. Los convencionalismos son un callejón oscuro y lleno de prejuicios. Viví entre las sombras mucho tiempo, tanto que mi alma sintió que fueron siglos. Las emociones estaban cerradas a mi goce. Jamás entendí el motivo por el cual pasaba mis vacaciones en la playa sintiéndome insatisfecha, hasta ese día en que decidí romper con todo, abrir la puerta a mi horizonte, y empezar a vivir... 

Me levanto temprano, siempre intento llegar antes del despertar del sol, camino descalza por la arena mojada y fresca a orillas del mar, lleno mis pulmones de ese clima húmedo que evapora cualquier resquicio de reserva que me habita y vuelco mi corazón ante lo que se me presenta...

Cada paso es una caricia en mi cuerpo : viento, agua, arena... Todo se conjuga en un ir y venir de sueños y deseos. Soy fetichista, me gustan las manos y los pies del sexo contrario. Ahora cuando camino por la orilla de la playa no reprimo la intensidad que en mí se gesta, en cada paso que doy recorro con la mirada todas y cada una de las formas y siluetas que encuentro en mi camino y dejo libre mi espíritu para que vuele con la libertad de imaginar todo aquello que desea.

Esas manos... pueden tener la fuerza de quebrar lo que ante ellas se presente y de la misma forma ofrecer una caricia que te haga llegar al clímax del deseo. 

Esos pies... imperiosos, soportando todo el peso de su cuerpo, ágil como felino y tan potentes a la hora de amar que irremediablemente sucumbes ante su hechizo. 

Es lo que tiene la mente, su poder es majestuoso y más aún cuando se fusionan, alma, mente y cuerpo, se crean historias que dan paso a múltiples sensaciones. 

Abrí los ojos y observé en la hamaca de al lado, la silueta de una mujer que era perfilada por las líneas de luz que en esa oscuridad ofrecía la luna. Ella volvió su rostro hacía mí. De mirada profunda y media sonrisa en sus labios, se levantó con un suave y sensual movimiento de su descanso, y se encaminó hasta mi lado...
Su busto rozó con encanto mi busto, un cálido aliento brotó de su boca cuando sus labios se acercaron a mi cuello. Sentí en mi piel su movimiento mientras el eco de su voz inundó completamente mis sentidos. Se paseó con delicadeza por mi cuerpo que estaba atento a cada uno de sus suspiros, y rozando con sus labios mi apéndice auditivo, me susurró al oído :

-Mi mente recrea las sensaciones que mi alma alberga. Es un ser abierto al deseo de ser poseído, como principio y fin del fuego y el impulso que me domina.

Entonces su mirada se depositó en la mía, dando lugar a una cálida complicidad entre ambas creando un lazo que recordaríamos por el resto de nuestras vidas. 

Ella es la experiencia, ofreciendo su sabiduría a la mirada inexperta de una mujer indecisa. 
Desde ese momento cerré los ojos a todo prejuicio y abrí mi corazón a la incertidumbre de la selva, quedando aquella noche mi esencia depositada en el rumor de las olas y mi mente deambulando libre por las cálidas arenas de la playa.


Escenas de playa, ritual juevero
Lugar de encuentro: Sam